EL PAÍS, MI PAÍS…

Hace mucho tiempo, mi nación dejó de ser inspiración para convertirse en fuerza e impulso de ideales y pasiones en la búsqueda de nuevas formas de convivencia ciudadana. No necesariamente ha sido posible lograr ese deseo, sin embargo, hemos dado la pelea tratando de construir un país de oportunidades en el que la libertad y la justicia primen por encima de cualquier interes individual o de grupo.

Por eso, cuando volteamos el rostro y, como si el tiempo se hubiera detenido en las épocas más difíciles de nuestra vida social, nos enfrentamos una vez más a un conjunto de taras que creíamos superadas, aparece con el régimen de turno en medio del abuso, el ejercicio corrupto del poder y la mentira hecha discurso del gobernante, refregándonos en el rostro, ser una republiqueta que reedita sus peores formas para, en medio de torpes desiciones y malos habitos ciudadanos, ganarnos alguito, tratando de convencernos al mismo tiempo de que somos asi, por una inexistente fatalidad histórica. 

Hay quienes pensaron que los dramas del mundo en esta hora nos harian mejores, pero la verdad es que eso sólo pasó entre los pobres, cuyo condición de abandono los devolvió a la solidaridad, al compartir de sus mágicas ollas comunes cuyo alimento nunca se acaba mientras haya alguien con hambre y esa extraordinaria asistencia al desvalido que se enfrentó en estos largos y duros meses a la conducta insana del gobernante cuyo régimen abandonó a nuestra gente en medio de la indefensión absoluta, dejándolos sin trabajo, alimento, muriéndose por falta de medicina, servicios de salud y hasta oxígeno, mientras unos pocos en cambio, acumulaban oprobiosas fortunas  que, no terminan de entender, en la tumba, no sirven para nada.

Se nos roba la esperanza y la sonrisa tras haber perdido la política honesta y entonces, para no perder el país en medio de la impunidad, independientemente de lo que le suceda al gobernante, levantemos la voz y hagamos que se sienta la indignación exigiendo que cese el robo al país de nuestros hijos.

Que se nos devuelva sobre todo, nuestro derecho a vivir en paz, a superar juntos las vicisitudes de estos tiempos y los escollos que vengan. Sólo pedimos un país mejor y con oportunidades, la posibilidad que se escuche el reclamo ciudadano y que, incluso a pesar que la pandemia frene gestos físicos y movilizaciones populares, nadie le robe, sobre todo a los mas pobres, la posibilidad de tener esperanza y ser felices.

Una ola de conciencia ciudadana debe seguir haciéndose sentir, tal y como lo hicimos contra el fujimontesinismo, antecedente de esta nueva réplica oprobiosa de errores y corrupción que han sido una constante en nuestra historia oficial y que ahora levanta como emblema el gobernante que, como sus émulos corruptos en todos los tiempos, pasará signado por el olvido o la cárcel.

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