Y AHORA, ¿QUIÉN CONSUELA A MAFALDA?

A Quino, en la inmensidad de su universo

La voz preocupada de un compañero, me alerta. Joaquín Lavado, Quino, ha desaparecido. La noticia estruja el alma de quienes aún respiran solidaridad y militancia más allá de los años y estos tiempos donde el corazón se hace de hojalata. Las preguntas van y vienen en un mar inmenso y lleno de tanta desolación como el que sufren las Madres de Plaza de Mayo en Buenos Aires o, en las manifestaciones que en Santiago y parte de américa latina y el caribe han producido los deudos de los desaparecidos por las dictaduras y donde Mafalda siempre estuvo presente.

Joaquín, Quino, o sencillamente, el papá de Malfalda, parece haber sido golpeado por un sátrapa peor, injusto y por momentos inclemente, que nos lo arrebató para dejarnos sin ese ser que nos distanciaba de la mirada del mundo real, frio e inmisericorde que Mafalda trata con tanta ingenuidad irónica. Y es que nos quédanos con ese sentido inmaterial y no pecuniario del progreso, esa vocación por la felicidad que convertía lo cotidiano en “un sin sentido”, y la alerta a las vanguardias de “los sin miedo” para enfrentar todo con buen talante y la misma provocadora ironía que fluía cuando se preguntaba: ¿Porque los que luchan contra la violencia, usan más violencia para luchar? o ¿Porque para preservar la vida hay algunos que matan?

No sé si la familia marchará en su memoria o, la memoria de Quino marchará sobre el mundo con el más sutil de los lenguajes y la más fina de sus ironías. Con el tío de Susanita, Manolito, Felipe, Miguelito, Guille y todos los demás, levantamos la mirada al infinito y nos preguntemos con la misma ingenuidad en la que viven ¿Por qué se van los buenos y nos dejan tantos gobernantes malos?

Mafalda hizo filosofía profunda y su voz fue consigna.  El buen Descartes le seguirá sirviendo mientras deshoja margaritas y Mafalda, la ironía viva, la tribulación andando, la angustia superada y la fuerza de una razón pura, se seguirá quedando -como muchas de su género-, en los impactantes 6 años que tenía en setiembre de 1964 –cuando apareció- en medio de la nostalgia absoluta de los Beatles, los atisbos de nuevas generaciones atrevidas y la defensa impenitente de los niños y sus derechos del mundo de paz, ese universo que anhelaba y que lo sentía esquivo porque no “podía  ir derecho ya que nunca le permitieron aprender a manejar”, sobre todo,  para tratar de vivir mejor en “esa democracia que se compra en la botica porque se consume en gotas”.

Guerrera, femenina, activista y militante, nos acompañó en las protestas contra intervenciones imperiales y la violencia del hambre. Siempre progresista y presente en las marchas estudiantiles y políticas -donde sus mensajes se convertían en leyenda-, vistió de faldas cortas cuando todas usaban largas, se resistió a usar pantalón y mantuvo el cabello cortó cuando se imponían fastuosos y largos, replicaba en tiempos en los que otras callaban y terminó en el suelo, golpeada en medio del gas lacrimógeno cuando, como yo, fuimos reprimidos en aquellas manifestaciones en las que su boina roja jamás se le movió de la cabeza.

Si me acompañó tantas veces, ahora que su papá no está, siento que debo acompañarla, aunque a sus 56 años siga pareciendo tener muchos menos años y ya no está sola, millones de compañeros en el mundo entero la acompañan ante la ausencia de Quino, reclamándole simbólicamente a la vida: ¡VIVO LO CONOCIMOS Y VIVO LO QUEREMOS!

Hasta siempre, Quino.

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