¿VAMOS TRAS EL CANDIDATO IDEAL?

Reflexión electoral…

Tras las sucesivas crisis económicas y la pandemia, uno de los aspectos más sensibles para la población es la falta de confianza y el desaliento.

Es innegable que todo indica que nadie cree en nadie, que todos desconfían de todos y que incluso, creyentes y ateos, esperan irónicamente, milagros frente a una realidad dramática que combina la insensibilidad (o incapacidad) gubernamental con una pandemia que hace que la muerte nos golpee el rostro a diario.

Es evidente que este escenario ha desnudado la fragilidad humana, la debilidad ciudadana y la falta de compromiso de un conjunto de aventureros que se hicieron del poder para saquear las arcas públicas. El problema es que sin atrevernos a ensayar una descripción del futuro de anormalidades que nos espera, primero debemos afirmar que ese es un tema anterior a la emergencia sanitaria y que nuestras carencias como país están íntimamente relacionadas con la dimensión de la corrupción y la impunidad en la que hemos vivido y que nos llevó a encontrar pretextos para nuestras desgracias y justificaciones para las  irresponsables conductas sociales, signos de un tiempo en el que la palabra cada vez significa menos, la convivencia sólo da derechos y no genera obligaciones, la falta de moral es considerada una falta superable y la traición, es un derecho a la subsistencia con defensores de oficio.

Pero, además, la Campaña Electoral nos aproxima a un escenario de fuegos artificiales, a maniobras que deben alertarnos sobre intereses cada cual más ilegítimo que el otro. La necesidad de prudencia surge llamándonos a actuar con respeto por los demás, insistir en cambios posibles, urgentes y necesarios para «no apoyar”, a ningún candidato que aparezca dentro de la “estructura institucional on line” que no represente ideas y programas confiables.

Los partidos o movimientos, como los conocíamos- siguen soportando una dura crisis que, de hecho, superarán, pero mientras tanto, lo ideal, es que el candidato de esta hora, por lo menos, represente lo que quien lo postula es. Vale decir, que la peregrina idea de los mercantilistas que exigen “que un candidato sea lo que la gente quiere que sea”, es un atentado a la ética política y además, un despropósito grosero usado como argumento por un populismo mediocre que detesta la ideología y proscribe la doctrina, llegando al colmo de usar a dioses paganos de frases elaboradas, la felicidad como idea abstracta, la dádiva y todos esos lugares comunes que constituyen parte de la farsa usada generalmente por la mediocridad o el corrupto para intentar mantenerse en el poder .

Sólo una biografía que refuerce el objetivo político, que eduque y promueva la nueva ciudadanía pos pandemia, que concerte ideales y conjugue planes podrá salvar al país y, de paso, a los partidos y a las instituciones del abismo al que están próximos. Entiendan que no actuar en consonancia con principios, tiene un costo. Allá quien esté dispuesto a pagar esa factura tan alta. Sé que finalmente tendremos futuro si actuamos de acuerdo a nuestras convicciones.No olvidemos que todos tenemos derecho a pelear con molinos de viento al lado del hidalgo Don Quijote de la Mancha si nos da la gana, pero también, a quemarnos en el fuego perverso de la décima fosa al que pertenecen a los charlatanes y falsificadores en La “Divina Comedia” de Dante Alighieri.

 

 

Graficos: asfiscal/Gustave Doré: Ilustración del Paraíso para la Divina comedia.

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