DISCRIMINACIÓN Y VIOLENCIA EN EL MUNDO

La desigualdad ha sido siempre un drama difícil de controlar o eliminar, por eso hay quienes creen con justeza, que perpetua la desigualdad por sus efectos en las personas y sus consecuencias en las sociedades. Lo cierto es que no hay duda que ataca la dignidad y no sólo ofende, sino, vulnera ilegal e indignamente los derechos elementales de los ciudadanos al punto de lesionar a las personas por ser quienes son o por creer en lo que creen.

La legislación mundial ampara en términos generales los derechos de las personas, pero esto, no siempre ha sido así. Duras y largas batallas se han tenido que producir hasta hace muy poco tiempo para lograr suprimir las nocivas manifestaciones de discriminación. El que, no todos sean tratados por igual ha constituido un grave problema que las autoridades no han podido resolver, enfrentando situaciones extremas que han comprometido a comunidades enteras “en función de la raza, etnia, nacionalidad, clase, casta, religión, creencias, sexo, género, lengua, orientación sexual, identidad de género, características sexuales, edad, estado de salud u otra condición” ha señalado Amnistía Internacional en los estudios que produce sobre la materia.

El problema se agrava cuando además de las costumbres o creencias se ha permitido una legislación diferenciada entre ciudadanos cuya referencia respecto de la política, la ley o el trato son diferenciados, por ello, el cuestionamiento de estas prácticas en realidad constituye un esfuerzo por la paz ya que, cuestionar dichas normas u, omitir su aplicación, constituye un agravante que hacen posible las prácticas discriminatorias sin que la autoridad, cuando es consciente de ello, pueda garantizar que todas las personas por igual, puedan gozar de sus derechos en condiciones de igualdad. Como que no se ha logrado y por cuya razón, la lucha mundial contra la discriminación sigue siendo, en términos generales, contra todas sus manifestaciones, incluyendo aquellas que derivan en crímenes de odio que empiezan siendo simples expresiones que incitan la hostilidad y la violencia contra grupos minoritarios y terminan siendo conductas replicadas socialmente.

Cuando creíamos que, de alguna manera se iban superando estas nocivas experiencias, necesitamos volver a dar una mirada cuidadosa a cualquier expresión discriminatoria porque ésta, puede constituir la mecha que encienda una bomba cuyas consecuencias son realmente impredecibles.

LA FUNDACIÓN DEL APRA: HAYA DE LA TORRE Y EL FIN DE LAS IDEAS CONGELADAS

Rumbo a los 100 años de la fundación del APRA

El  7 de mayo de 1924, en el Salón de Actos del Colegio San Ildefonso, en ciudad de México, el joven estudiante peruano, Victor Raul Haya de la Torre -quien se encontraba exiliado-, entregó simbólicamente al presidente de la Federación de Estudiantes de México, Lelo de Larrea, una bandera Indoamericana, formando una Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). Próximos a cumplir cien años desde aquella magnífica ocasión, bien vale la pena abordar -como un tributo-, algunos aspectos programáticos e ideológicos que le den sentido al discurso aprista de estos días y reivindican su plena vigencia.

Justo cuando el gran debate en torno al marxismo se producía en todo el mundo y era una herejía confrontarlo, dos pensadores se atrevieron. Mariátegui, proponiendo un socialismo original cuyas tesis quedaron truncas por su lamentable fallecimiento y Haya de la Torre, quien aportó el aprismo como una nueva filosofía de la historia contemporánea para Indoamérica.

Las ideas de un aprismo originario ganaban espacios inesperados a inicios del siglo xx, competían con los esfuerzos comunistas por difundir las bondades de algo que llamaron con pomposidad “socialismo científico” y que terminó sacudido entre las manos de Josef Stalin y León Trotsky tras la desaparición física de Vladimir Ilich Ulianov (Lenin).

Vinculado estrechamente a las gestas del movimiento obrero, la experiencia de la Reforma Universitaria, las Universidades Populares y la defensa de la libertad de conciencia, el rumbo trazado por el aprismo hayadelatorriano pasó por la comprensión cabal del sentido de las revoluciones mexicana y rusa, pero también, por el entendimiento del impacto del juego perverso de las potencias imperialistas en la Primera Guerra Mundial, con el consecuente saldo de millones de muertes y hambre en el mundo entero.

Toda esta dramática realidad, y su doloroso efecto en los pueblos de esta parte del continente, permitieron el surgimiento de una propuesta heterodoxa y a la vez enriquecedora del marxismo que pasó por la experimentación del aporte humano y la visión crítica de la historia, rumbo a la síntesis creadora del pensamiento “en movimiento” que se consolidó en la obra progresista de un aprismo que no se quedó en el análisis económico, sino que hurgó, buscando respuestas, en las fuentes de la cultura, la historia, la psicología y las manifestaciones creadoras del hombre, que señalaban la ruta del cambio y transformación como una urgencia, a partir de las cuales Haya, sella el compromiso de la organización del Frente Único aprista con las luchas producidas en el seno del pueblo, donde se afirmaría la validez de su discurso y quedaría en evidencia que: no hay aprismo sin trabajadores.

En este orden de ideas, la revolución que propugna el aprismo, no es el resultado de un natural proceso evolutivo de la sociedad y del hombre, tampoco la revuelta instintiva, sin proyección, ni sentido crítico, sino, consecuencia del proceso constructivo, de las condiciones planteadas y el cumplimiento objetivo de la tarea antiimperialista, expresada en el nuevo ser social y el nuevo tipo de Estado al que se aspira, convertido en justo árbitro de las complejas relaciones entre el capital y el trabajo para hacer posible la construcción del desarrollo, la paz y la Justicia Social, base del bien común, objetivo irrenunciable de la fase de evolución en la que se encuentra el Frente Único de Trabajadores Manuales e  Intelectuales.

Aquí están de alguna manera resumido el aporte del aprismo, aquel que convirtió los bellos ideales de juventud que hizo suya la generación precursora-, en propuestas programáticas llenas de realismo que se adelantaron a su tiempo, obligando  a entender al hombre indoamericano, en el contexto económico, social y político que lo rodeaba, para, a partir de lo cual, insistir  en los nuevos espacios a conquistar, dejando de lado la teoría improductiva y la utopía, para superar los roles del viejo clasismo, alterados abruptamente por las crisis cíclicas de la economía capitalista y las continuas transformaciones de la ciencia, la tecnología y la información, que muestra diversas realidades en las que se desenvuelve el tiempo social del individuo y su colectividad a partir del nivel de conciencia logrado, proceso  al que los ortodoxos comunistas pensando atacar a Haya de la Torre llamaron revisionismo, sin saber que tiempo después, ese razonamiento encerraría -de cara a la experiencia mundial-, una estupenda verdad.

La historia finalmente, negó los conceptos de dictadura, centralismo y ausencia de libertades que Haya de la Torre advirtió, eran incompatibles con la realización del hombre y la sociedad de bienestar, porque ellas, automatizan al individuo sy lo colocan como parte del interés del sistema, convirtiéndolo en una pieza de recambio de la misma máquina capitalista “sin alma” que pretende sustituir. La pobreza, el subdesarrollo y la explotación, cuyas causas a partir del entendimiento humanista expone la naturaleza de las brechas que hacen “diferentes a los hombres”, traen consigo connotaciones sociales, culturales, psicológicas y naturalmente económicas que hay que enfrentar, pero que dan cuenta de la solidez de estructuras sobre las que reposan los dramas del mundo pobre y que exige respuestas definitivas y unitarias -tan rojas o radicales como la realidad lo permita-, pero de la mano de una vanguardia organizada, el  Frente Único que integran obreros, campesinos y aquellos sectores afectados por los mismos problemas de la penetración imperial con fines de sometimiento.

Sigue habiendo aquí, una tarea pendiente: redimir al pueblo del oscurantismo al que fue condenado por centurias y luego, convocando esfuerzos comunes, redefinir la economía para establecer a quien sirve, en el contexto de un proceso productivo y de generación de riqueza que respeta la propiedad, pero alienta al mismo tiempo, mecanismos de autogestión, propiedad social, cooperativo o, de emprendimiento empresarial, como estrategia de un capitalismo popular moderno e inclusivo.

El aprismo, llevó su marxismo hasta los límites de su propia negación, cumpliendo las leyes de la dialéctica y la superación en la que la revolución no es un proceso ideológico inevitable, sino, una consecuencia de la experiencia social, por tanto, transformadora, capaz de acabar con la explotación a partir de romper el círculo vicioso que retroalimenta la dependencia en favor de una economía que mire al hombre y sus intereses y a los que menos, como portadores de una cuenta pendiente que pagar tal y como  lo planteara visionariamente Haya de la Torre. Todo lo demás, es tarea de nuestro tiempo y de nuestra etapa de evolución. Dicho está.

LAS MADRES DE PLAZA DE MAYO

Cada vez que llegó a Buenos Aires, hay dos momentos en los que siento que se me estruja el alma. Cuando llego a Recoleta ante la tumba inmensa de Evita, y en Plaza de Mayo, ante las Madres de los desaparecidos.

Ella, Eva Duarte de Perón, fue una extensión del alma de sus “descamisados”, una expresión superlativa del pueblo pobre elevado al plano de la dignidad y, aunque podremos discrepar sobre algunas circunstancias de su corta, pero frenética vida, no hay nada más cerca del entendimiento de la justicia social y la entrega a la patria, que su modo de abordar la política y su destino. Pero allí mismo, la lucha inagotable contra la dictadura en la década infame de los años setenta del siglo pasado, en la más digna de todas las luchas, por la libertad, los militares se llevaron el corazón de los argentinos representados en esos 30,000 hombres y mujeres dispuestos a ponerle fin a épocas de oprobio, razón por la que los desaparecieron.

En ese contexto, sé que la vida, que es una sucesión de gestos y encuentros nos muestra la dimensión de la grandeza o la pequeñez humana y los encuentros, nos brindan las extraordinarias oportunidades para realizarnos, legando grandeza y dignidad a los nuestros y a la raza.

Cada vez a paso más lento, agotadas en interminables jornadas buscando justicia, dando vueltas sobre la misma plaza desde hace 43 años, las Madres de Plaza de Mayo le siguen dando al mundo una lección de Humanidad y Amor que simbolizan las batallas que los desaparecidos siguen ganándole a la dictadura y a la impunidad, aun después de muertos.

Agigantadas sobre la fortaleza de un dolor encallecido, agotadas las lágrimas en el tiempo infinito de una eterna espera, estas mujeres dejan un tremendo testimonio de persistencia y reclamo, para que NUNCA MÁS el mundo tolere el crimen artero y esas expresiones gubernamentales que nos niegan el derecho a la justicia y la libertad cualquiera sea su color o discurso.

Entre el dolor y la esperanza que no cede el paso, estas nobles mujeres gritan cada vez más fuerte su desdicha, encontrando -de alguna manera en el oriente eterno de la paz que aguarda el reencuentro en cualquier plano de la vida, o la muerte-, esa esperanza que las dignifica y que deja señales sobre la única verdad posible: el peor signo de maldad no es la muerte misma, sino, la grosera impunidad por la que cada uno de los desaparecidos pide mantenerse de pie y no llorar por mí Argentina

¿Y DIOS, DONDE ESTÁ?

Una pregunta pertinente desde la otra orilla…

Uno de los temas al que nos ha devuelto violentamente el coronavirus, ha sido el de la importancia del ser, su preservación y la desnaturalización de los valores de la convivencia ciudadana graficada con mayor visibilidad en la manera como entendemos el desarrollo y la ciencia que parecieran por momentos, colisionar con el sentido trascendente de la vida, presumiendo de logros científicos y tecnológicos millonarios, mientras poblaciones enteras sucumben en el abandono más primitivo. Sin embargo, algunas explicaciones asoman cuando la confrontación con la realidad dramática y dolorosa de los tiempos del Covid-19  resultan comprobar la deshumanización de la civilización y el errado camino por el que transita alterándolo todo, metiendo la mano en la naturaleza, pretendiendo manipular la vida con métodos y experimentos a veces descontrolados que nos conducen hacia un inevitable despeñadero.

Como si no hubiéramos aprendido la lección después de Hiroshima, Nagasaki, Chernóbil y el conjunto de guerras que han convertido la tierra en un cementerio, persistimos en renunciar al sentido más elevado de la lógica, es decir, a la razón, en aras de una deidad sometida al viejo y pagano poder del dinero y la fuerza con la que juegan ese par de locos con los dedos puestos en un botón nuclear que prefieren alentar “investigaciones” para encontrar el arma bacteriológica cuya supremacía logre acabar con la mayor cantidad de vidas.

Es verdad que los miles de miles de muertos por esta pandemia mundial nos alarman, pero, ¿nos alarma más que los miles de miles de muertos por las guerras en estos últimos años? ¿nos alarma más que los miles de miles de hombres, mujeres y niños que mueren diariamente en el mundo por miseria, hacinamiento, falta de atención de salud y hambre? Pura hipocresía derivada del hecho que ahora la muerte nos toca la puerta y afecta a los nuestros.

Cualquiera que sea la idea personal que se tenga de la vida o de la divinidad, la religión o las prácticas de la fe, es esta una estupenda oportunidad para aproximarnos al drama humano buscando respuestas por situaciones en las que el hombre tiene mucha más responsabilidad que el supuesto enojo de dios quien, de hecho, está en cada una de las víctimas y al lado de los médicos y asistenciales que acompañan el dolor humano por todo el mundo.

Una de las razones por las que en algún momento me alejé del sentido religioso que recibí en el colegio jesuita en el que me formé, tuvo que ver con esa idea perturbadora del dios castigador, responsable de todas las desgracias humanas, enojado permanentemente y severo hasta la impenitencia que se dedicaba a cuestionarnos para sancionar, filosofía del temor, diametralmente opuesta al Dios generoso y alentador que es al que mucha gente buena busca en estos tiempos con honestidad.

Por eso, desde posiciones respetuosamente opuestas a los de la feligresía, miro absorto a hombres incrédulos y un mundo aterrado por una pandemia hacedora de muertes que trae a mi memoria al extraordinario sacerdote Gustavo Gutiérrez, creador de la Teología de la liberación, a quien le escuché decir que el mayor esfuerzo del hombre no debería enfrascarse en seguir tratando de vencer o modificar irreflexivamente la naturaleza, sino, comprender su orden, porque es allí donde se encuentran las respuestas a nuestra ignorancia.  Tenía razón.

La necesidad de un nuevo orden nos señala la ruta para encontrar la armonía y poder construir un estado de bienestar, no necesariamente divididos entre pecadores con rumbo inexorable al infierno, y no-pecadores en “express” directo al cielo, sino, entre quienes aportan obrando con vocación de servicio y buena fe y los que buscan obsesivamente réditos sin importarles lo que destruyen, ni lo que significa eso respecto del mundo mismo y de la vida, sólo tratando de ganar cada vez más, concentrando riquezas, negando oportunidades y viviendo en medio de una suntuosidad ofensiva respecto de los que no tienen absolutamente nada, es decir, defendiendo ese capitalismo puro y brutal que sucumbe ante un virus que nos hace a todos, literalmente, iguales ante la muerte.

 

 

 

 

Gráfico: Neflix

EL CINE, UN VIRUS Y LA NUEVA GUERRA MUNDIAL

Cuando la ficción supera la realidad—

La realidad nos confronta y somete a los rigores de la guerra, si, a nuevos tipos de batallas que usan microorganismos que se contagian por contacto y se reproducen como una plaga incontenible que va sobre el mundo, pero, fundamentalmente, contra los pobres que, por la ineficacia de gobiernos, no tienen como defenderse frente a una pandemia que los coloca en medio de consecuencias desastrosas, incalculables, casi apocalípticas.

Tal vez la novela de José Saramago que fue llevada al cine por Fernando Meirelles en, el Ensayo sobre la ceguera (1995) ayude a entender algunas cosas, a pesar de las distancias entre la novela y la realidad. Una epidemia expone a las personas a una enfermedad colectiva que entre la gente destapa increíbles reacciones, pero también, increíbles muestras de solidaridad que nos llevan a reflexionar sobre lo que significa un mundo de restricciones absolutas y en la que los seres humanos terminan aislados y privados de sus libertades. Es como despertar y sentir que el sueño se prolonga, tal y como de alguna manera sucede en “Contagio” que planteaba un escenario dramático situado en el año 2011, cuando en Asia un virus comienza a transmitirse fácilmente a través del tacto. Este rodaje, dirigida por Steven Soderbergh, se plantea el desarrollo de la aparición de un virus, la manera como se propaga, los tratamientos y tras su proceso, la desaparición, rescatando cómo, aún a pesar del ambiente apocalíptico, el sufrimiento y las pérdidas que causa esta infección, aparecen personajes que no pierden el control y son capaces de sortear sus propias vicisitudes y se dan maña para ayudar.

Lo que viene sucediendo en el mundo, es, de alguna manera, un registro similar de esa realidad dramática que l cine nos mostró y cuyos efectos nos propone revalorar el tipo de vida que tenemos y los niveles de compromiso con el futuro, llevándonos hasta los excesos humanos  que coloca el uso de armas químicas y bacteriológicas en el primer punto de la agenda mundial, sobre todo, por el uso abusivo de las mutaciones genéticas y las groseras manipulaciones científicas que son una manera obscena de entender “el control mundial” pero reducido al capricho o la razón de quienes tienen el dedo puesto en un botón.

Sobre lo que vivimos, diremos que los neoliberales insisten que este es un tema sanitario y que un adecuado nivel de protección, garantiza vencer al virus, sin embargo, el propio neoliberalismo actúa como una plaga mortal porque defiende el estado actual de las cosas, las desigualdades sociales, los juegos de guerra llamados prácticas militares, en vez de responder las necesidades de las mayorías replanteando la agenda del Estado y sus prioridades para que no sea una ironía el publicitar la necesidad de lavado de manos prolongado, con abundante agua y el uso de jabón, olvidando que millones de ciudadanos no tienen agua y por supuesto, ninguna economía que les permita comprar jabón, razón por la cual surge la necesidad de priorizar los núcleos de  atención de la salud en las zonas donde la pobreza abunda para tener alguna autoridad al exigir conciencia.

El pensamiento crítico nos propone una ruta común para vencer el virus que nos ataca, pero sugiere exigir controles a la experimentación científica que evite varias cosas, entre ellas, todo lo que ponga en riesgo la vida humana y además, que el estudio, aprobación y comercialización de los fármacos no estén comprendidos en la lógica del libre mercado liberal que aleja a los pobres de la salud y los condena a genéricos que, en algunos casos, sin resolver el problema de fondo, son simples y placebos que le dan sentido a la afirmación del prestigioso columnista del The New York Times Paul Krugman: “…la catástrofe sin paliativos podría estar a la vuelta de la esquina”

Lo cierto es que esta realidad nos lleva de narices hacia una terrible visión de la deshumanización de la vorágine en la que está presa la sociedad llamada moderna, y que se ha dedicado a involucionar en perjuicio de la vida del hombre. Por eso, tras sorbos groseros del viejo cine de ciencia ficción, un día, de manera sorpresiva, sin precedentes en los que hayamos reparado, aparecimos frente a la muerte, literalmente aislados, con lo que podríamos tener encima y con las mismas obligaciones de siempre, viejo juego que combina temor y sátira anticapitalista como la que John Carpenter propuso en esas historias de viaje al futuro que, en el presente, pretende descubrir la génesis de un virus que diezmará la humanidad. Curiosa similitud con la realidad cuya lógica excéntrica nos permite seguir andando, pero, dentro de casa, entre la realidad y los sueños.

En Perú, superando la ficción, los acontecimientos parecen haberle dado vacaciones a la política, en tanto el gobernante sobre dimensiona su rol y usa el Corona virus (COVID19), como una buena excusa para subir puntos en encuestas que nadie sabe cómo se hacen, si nadie sale de casa. En fin. Hay que  devolver la mirada hacía el abandono de la salud pública por parte de este gobierno y, también de la privada, sobre todo  ahora que se encuentra en la misma imposibilidad de atender el virus de marras, de cómo los equipos –ninguno de alta especialización- escasean mostrando la extrema vulnerabilidad de los hospitales ante una pandemia como la que sufrimos, amén de los obtusos que, sin entender la gravedad del tema, solo piensan en cuantos negocios pueden producir, cómo se hace para que nadie salga de casa aunque no tengan que comer y cómo establecer una férrea seguridad que garantice calles y avenidas vacías, aunque, claro, los policías, militares y personal asistencial sean los que se están infectando.

Hasta ahora, había quienes desarrollaban estrategias preventivas convencidos que los muros impenetrables, las lunas antibalas y la seguridad personal  los guarecían y preservaban sus vida, sin darse cuenta que,  de repente, aparece algo que puede hacer más daño que un proyectil que explota en un solo momento y del que puedes esconderte, el virus destructivo nos ataca, no respeta cuentas bancarias, ni color de piel, viaja sobre los propios hombres contagiando unos con otros y mostrándonos lo absolutamente vulnerables y débiles que somos en nuestra propia orfandad.

Desprovistos de los elementos básicos de la socialización y la interactuación personal, es verdad que nos ayudamos a no infectarnos, pero también hay que evaluar el significado de la medida adoptada en tanto propone convivencias indefinidas y permanentes las 24 horas del día, sabe dios en qué condiciones. Habrá por otro lado quienes re descubrirán lo que dejamos en casa a diario y cuánto de importancia tiene el afecto y los gestos que postergamos desde que la tecnología nos arrebató el amor tratando, además, de reemplazar la creatividad y el ingenio humano por códigos de una máquina. Tal vez, comprobar que la habitualidad y la interacción con la familia ha sido saludable se ha convertido en ese muro invencible contra el virus, pero, y ¿los que no tienen dónde ir? ¿Los que viven en espacios insalubres, hacinados y tan pequeños que deben sortear la claustrofobia?.

En todo caso, vamos a comprobar que podemos sobrevivir a la nueva peste del siglo XXI, que ahora la defensa esta en cada uno de nosotros, porque del entendimiento de la ferocidad del enemigo y la necesidad de seguir las instrucciones estratégicas como sólo un buen soldado lo hace, permitirá que ganemos el combate, a pesar incluso, de la incapacidad manifiesta de los generales que nos tocan.

Cerrando fronteras y encerrando literalmente en sus casas a millones de ciudadanos se ayuda a combatir la pandemia, pero, cuando esto pase  y, como en el barco de Noé, salgamos al encuentro de la verdad y la vida, tendremos que hacer una evaluación de los daños, de cuántas personas fueron  lesionadas, cuantos -con poco o sin dinero- enfrentaron la inactividad en la que nadie deja de comer, cuando otros -con deudas y compromisos pendientes- debieron acatar una orden que de hecho vencerá a este virus trotamundos, pero que no evita que hoy mismo, sigamos recibiendo llamadas por el vencimiento de nuestras cuotas bancarias pendientes. Estoy seguro que celebraremos el triunfo sobre el virus, aunque siga viva la plaga de los ineptos que nos gobiernan.

Pero si algún lado positivo puede tener el corona virus, puede ser que se ha homologado entre ricos y pobres, entre gente de todas las razas y religiones, una curiosa manera de mostrarnos que somos iguales y lo que puede suceder si las guerras biológicas se producen o, si la locura de algún líder mundial la sigue promoviendo. Esta sería una nueva guerra mundial, capaz de doblegar al hombre y mostrar los niveles más primitivos de los gobernantes en términos figurativos, pero que expone una realidad que curiosamente aparece tras las medidas de aislamiento y toque de queda, cuyos efectos resultan siendo increíbles cuando según los estudios, hay menos polución y contaminación ambiental, efectiva libre circulación y menor cantidad de vehículos que producen gases tóxicos, una reducción porcentual nunca antes imaginado que se suma a los tiempos de viaje usados, la holgura en las agendas personales y el descubrirnos capaces de subsistir sin los apremios que nos cargamos al hombro en nombre de una felicidad material y pecuniaria que la verdad nadie se lleva a la tumba.

Tal vez, ahora que tenemos tiempo, deberíamos aprender de lo sucedido algunas cosas, como, por ejemplo, nuestra incapacidad para proponer soluciones rápidamente, la extrema fragilidad que hemos producido en el medio ambiente y la necesidad de comprender que hay que buscar rutas para evitar seguir dañándonos y al mismo tiempo garantizar la vida, por lo menos en la forma como la conocemos. A este respecto, los gobernantes, por torpes que sean, deberán entender que la gente no solo necesita vivir, sino, hacerlo dignamente y para eso, hay que atender el trabajo, la salud, la educación y la vivienda. Lo demás será, como en la vieja historia del Arca de Noé, un tema que atenderemos cuando el diluvio pase y debamos actuar en función de preservar la especie, aunque parte de esta no haga muchos esfuerzos para ayudarse a sí misma.

Cuando el gobierno deje de aprovechar las lamentables circunstancias por las que atravesamos para promover su continuidad en el gobierno tal como aprobaron en el nuevo circo-congreso que hay, suponiendo que somos ignorantes y fácilmente manipulables, entonces, las medidas dispuestas tendrán un valor adicional, porque juntos, debatiendo lo que nos afecta y dispuestos a apoyar, volveremos fortalecidos a la realidad.

DEL CORONAVIRUS Y OTRAS PLAGAS, ERRADA PERCEPCIÓN

En realidad, el COVID-19 es una cepa que no ha sido encontrada antes en humanos y los coronavirus son una variedad de virus que producen una serie de enfermedades que se manifiestan desde el simple resfriado, hasta afecciones mucho más complicadas en las vías respiratorias que son las que requieren equipos para su atención.

El Ministerio de Salud confirmó finalmente el 6 de marzo, el primer caso de coronavirus en Perú, y desde aquel momento, el presidente se ha convertido en vocero de la crisis. Al inicio, las autoridades prefirieron minimizar sus efectos y “llamar a la calma a la ciudadanía”, pero, a esas alturas, la población ya se encontraba muy preocupada por las informaciones provenientes del extranjero sobre los efectos de este virus en países como China e Italia, en donde, guardando las distancias, también se aisló a la población por los graves problemas producidos y las muertes que aumentaban, aun cuando simultáneamente también, hubo una respuesta adecuada de los servicios de la sanidad pública.

El problema aquí, parece radicar en un hecho simple, nuestro sistema de salud no se encuentra listo para atender la pandemia que nos atacaba. El número de infectados por COVID-19 ha subido exponencialmente y la cantidad de casos descartados no se encuentra en los niveles adecuados porque no existen los kits para las pruebas, es decir, en realidad tenemos un sub-registro de casos confirmados, pero inexactos, lo que pone en evidencia la incapacidad gubernamental de prevenir y atender adecuadamente a quienes acuden presumiendo tener el mal.

Los que responden estas reflexiones aludiendo la falta de recursos del país, a pesar que los equipos requeridos no son de alta especialización, ni complejos, olvidan los 580 millones que les regalamos a la empresa Odebrecht. Queda en evidencia así, entre otras consideraciones, la ausencia de políticas públicas que incidan en la salud, simplemente, porque no existe un programa de gobierno y Martin Vizcarra solo sortea diariamente los acontecimientos, balbuceando discursos mal aprendidos.

El Centro Nacional de , Prevención y Control de Enfermedades (CDC-Perú) al parecer habría monitoreado adecuadamente el asunto, pero la verdad es que, si no entendemos la necesidad de repensar el Perú a partir de sus necesidades y su gente, seguiremos recurriendo sólo a medidas extremas, que son útiles, pero complementarias. Aislar a las personas, imponer un toque de queda, ayuda a que el virus no circule, pero ¿Y qué hacemos con las carencias de equipos, donde están los hospitales que ofreció Vizcarra y las obligaciones de la gente inmovilizada?

Nadie responde sobre qué va a suceder cuando se levanten las medidas restrictivas respecto de la población.  Es este un tema que deberíamos abordar y pronto, porque la gente pude quedarse en casa, pero, qué hace con la economía del día, con los emergentes que trabajan a diario para cumplir con sus obligaciones familiares y comerciales. No estoy seguro que los bancos entiendan esta lógica de suspendernos en el aire a todos, sin resolver los pendientes ciudadanos. Por eso creo que las medidas son insuficientes desde que el 15 de marzo estamos en estado de emergencia, aislamiento social obligatorio, hemos cerrado las fronteras, suspendido las actividades laborales públicas y privadas, le han otorgado una bonificación extraordinaria para el personal de salud (que no estoy seguro le alcance para curarse del virus) y se entregan recursos a familias de bajos recursos que sigue siendo toda una incógnita, el cómo y a quién.

Que este drama nos lleve a la reflexión y el país retome la senda del desarrollo y la normalidad controlada, antes que seamos vencidos por la terrible asociación de un virus y la incapacidad del gobierno que, según las encuestas (que nadie sabe quién las ha respondido porque en las calles no hay nadie), le han dado réditos políticos al presidente, cuya popularidad que ha subido, está montada en las carencias que sufre la gente y en los ciudadanos que no pueden ser atendidos adecuadamente y los mandan a casa sin evaluar su estado real de salud. Así, no vale.

LUIS NEGREIROS VEGA, Morir para seguir viviendo

El 23 DE MARZO ASESINARON A LUIS NEGREIROS

 “…Al llegar al lugar concertado en el día y hora pactado, en sólo diez segundos, 29 balas impactaron en su cuerpo, pero, sin embargo, no fueron suficientes para matarlo. Negreiros sacó su pistola para repeler el ataque. De entre los jardines, dos tipos de asesinos encargados por Odría peleaban por “cumplir la orden”. Los integrantes de la policía política y los sicarios, viendo herido a Negreiros, se acercaron al auto y bocajarro “lo remataron “. Negreiros cayó desplomado en el asiento posterior del vehículo”.

«…Luis Negreiros era identificado erróneamente por el gobierno como un extremista fanático, un terrorista y su actuar político, como el de un conspirador, razón por la que su nombre aparecía incansablemente en las órdenes de captura y muerte que circulaba en la policía política, pero esos señalamientos, por lo general, eran los mismos que se efectuaban contra el APRA. Los gobiernos no comprendían la realidad, ni la conducta de los luchadores sociales que no responden a motivaciones individuales, sino, al desarrollo formativo de valoraciones revolucionarias que aspiran a una sociedad de bienestar, de justicia social.»

 

ERNESTO CARDENAL: ASI EN LA TIERRA, COMO EN EL CIELO

La muerte del sacerdote, poeta y revolucionario Ernesto Cardenal es devastadora. Nos llega porque Cardenal era de esos seres a quienes creíamos inmortal, por lo que su deceso subleva a las almas nobles casi con la misma intensidad con la que la rebeldía lo hizo insurgir a él contra la miseria y el oscurantismo cuyo apellido en aquellos días era Somoza.

Tras 95 años, el poeta y hombre de fe, dejó el plano humano para seguir su empeño en la conquista de la felicidad, esa expresión divina que entendía mejor que nadie, pero que desde la orilla progresista le reclamaba a la iglesia posiciones menos declarativa y más radicales frente a la prepotencia y abusos como los del régimen que en Nicaragua se apropiaba de la historia y también de la voluntad de su gente, cuando ese pueblo parecía haberse soltado de la mano de Dios.

Su prolífica labor, sensibilizó los ojos del mundo en el marco del huracán de adhesiones que despertó ese sandinismo moral que forjó ejércitos milicianos por todos lados, buscando -como en el viejo mandato de la biblia-, esa verdad que los haría libres, con una revolución que cambiaría primero al hombre y su manera de mirar la vida y el mundo, casi, en el mismo esfuerzo en el que Gustavo Gutiérrez y su Teología de la Liberación insistían en mantenernos o devolvernos hacia la fe del real Cristo de los pobres.

Ernesto Cardenal vino al Perú a finales de los años 70  y su encuentro más importante fue con Victor Raul Haya de la Torre en medio de fraternos recuerdos. Precedió el abrazo -mientras caminaba hacia él-, la frase con la que Cardenal sorprendió gratamente al entonces presidente de la Asamblea Constituyente: “Vengo a saludar al primer sandinista de Indoamérica”, era la evocación de tiempos de estrecha y militante amistad, de una lucha común y sin condiciones que comprometió al entonces joven líder peruano y Augusto Cesar Sandino, el mítico general de los hombres libres, a cuyo esfuerzo antiimperialista contribuyeron columnas milicianas de apristas que, sostuvo Cardenal, le recordaba ideal de La Rebelión de Abril, momento cuando insurgió contra la dinastía Somocista.

Cardenal tuvo una inicial influencia jesuita, fue monje trapense, fundó la abadía de Solentiname, oró en protección de los Benedictinos hasta que sintió el llamado del espíritu para contribuir con la libertad de su pueblo al que sirvió desde la revolución y luego, sin descanso, desde la Cultura porque ésta, “es igual a la revolución y la nueva cultura, es el pueblo”. Tuvo respeto por la ciencia, pero como hombre de fe, mantuvo intactas sus creencias sobre las que nunca sintió contradicciones, “como no las hay entre democracia y religión. Nunca se me plantearon dudas sobre el cristianismo porque esta me explica que la creación es un hecho de Dios y que Dios también hizo la evolución de la creación”, dijo.

Revolucionario honesto, poeta consagrado, militante y creyente, con la misma vehemencia de sus años juveniles, combatió las desviaciones autoritarias del sandinismo ulterior, lo que le costó persecución, sobre todo, tras denunciar a Daniel Ortega por “haber asesinado al movimiento con sus ambiciones personales”. El Papa Francisco, posibilitó su reconciliación con la jerarquía de la Iglesia y pudo volver celebrar misa, sin ceder un ápice en sus ideales y mantener firme su denuncia de ser “un perseguido político”. Que haya paz en su tumba.

"Un hombre nuevo un tiempo nuevo una nueva tierra 

¿El corazón del hombre y no las estructuras?

¿Cambiar la conciencia sin transformar el mundo?"

                     Ernesto Cardenal (Oráculo sobre Managua)

LA FIESTA POPULAR DE LA FRATERNIDAD Haya de la Torre 125 años después

Este es mi testimonio personal. Acabo de retornar de celebrar la Fiesta Popular de la Fraternidad frente a la Casa del Pueblo, en Alfonso Ugarte, la vieja avenida de los pañuelos blancos que nuevamente ha sido testigo de la alegría desbordante de un pueblo capaz de “ser uno solo” en el ideal de un país mejor y recordando su valía. Hoy, como en las celebraciones a las que asistí desde mí ya lejana juventud, en cada momento, a cada paso de los escalones que marcharon disciplinadamente desde la plaza San Martin y con la misma convicción con la que los jóvenes marchan por el mismo ideal que hace muchas décadas marcó mi vida, apareció en medio del apretado haz de voluntades, el recuerdo emocionado de mis padres, maestros y la figura enorme de Victor Raúl, tal como lo conocí, sonriendo y dispuesto a escuchar y enseñar de la misma manera como los grandes filósofos o pensadores lo hicieron. Su vida, entregada a la causa de los más pobres, ha sido, sin duda, una señal y cada cartelón, cada escalón y en cada grito emocionado del que las calles de Lima hoy han sido testigos, nos recuerda el grito hecho sentencia popular: “El APRA nunca muere”.

Entre el 22 de febrero de 1895 y el 02 de agosto de 1979 una vida surcó la historia de los pobres y escribió una noble biografía Indoamericana. Victor Raul Haya de la Torre supo ser un hombre Libre y de Buenas Costumbres, dueño de una personalidad avasalladora que, irónicamente, hacía gala de un desprendimiento alucinante y de una capacidad superlativa que respaldaba sus ideas en el ejercicio de una ciudadanía ejemplar a la que cada 22 de febrero, en clandestinidad o legalidad parcial,  el pueblo rendía tributo a través de la Fiesta Popular de la Fraternidad que Manuel Seoane convirtió en celebración popular desde el año 1946, pero que en realidad, desde el año 1921, los estudiantes y obreros ya celebraban.

Víctima de la incomprensión, las dictaduras y perseguido por tiranos de todo pelaje, jamás una palabra de rencor deslució sus ideales de justicia en el marco de esa manera de entender y amar intensamente al Perú, sembrando en el recuerdo de la Nación, capítulos de desprendimiento y entrega que, al enterrar su cuerpo inerte, se fundió con su indomable espíritu guerrero que, como en la afirmación de la biblia, se puede reconocer allí donde encontramos la libertad.

Todas las versiones de la vida de este gran patriota nacionalista, coinciden en su valoración moral, por eso, su invocación genera respeto y justo reconocimiento incluso, en medio de una crisis tan dramática como la que vive la política en general y los partidos en particular. Por eso nos hace mucha falta su palabra y la sabiduría de su actuar siempre en consonancia con los principios que asumió hasta el último día de su vida, momento desde el cual se convirtió en paradigma.

Esta fiesta de La Fraternidad fue en honor al Maestro, a quien recuerdo con emoción y lealtad y quien yace en tierras de la región La Libertad, en una tumba sobre cuya superficie, una enorme roca se proyecta al infinito evocando la frase “aquí yace la luz”, expresión que grafica a quien pudo ser sólo él, pero prefirió vivir entre los pobres y ser millones.