EL “DIEZ” DE DIOS /El mito Maradona

Llegué a Buenos Aires hace algunos años en el último tramo de una investigación sobre “El mito y la política”. Era inevitable buscar a Eva Duarte de Perón, “Evita”, tratando de comprender la complejidad del mundo peronista, tan radical o conservador, como lo ha presentado sin pudores el desarrollo político del argentinísimo justicialismo, esa manera políticamente correcta de mantener vivo el legado del general Juan Domingo Perón.

Visité a viejos amigos, monumentos, obras de la época y hasta el mausoleo de la familia Duarte, donde un episodio llamó mi atención. Una familia sencilla de trabajadores, oraba. Esperé con prudencia el fin de sus rezos y me acerqué preguntándoles por esa expresión de claro misticismo político-religioso y apasionante del que fui testigo. El relato de la historia del peronismo resumido en algunas pocas frases conducía -con pasajes, más o menos religiosos- hacía un “altar”, si, un altar que le deba sentido a los miles de agradecimientos que leí antes en las paredes en nombre de una tal “Santa Evita”, conduciéndome hasta el barrio de La Boca.

Allí encontré muchas respuestas, pero al mismo tiempo, otro “altar” levantado en honor de “dios”, es decir, un conjunto de manifestaciones rituales desarrollados en el imaginario popular consagradas a Diego Armando Maradona, ese extraordinario jugador de fútbol que encandiló a sus todos con un expertiz futbolero que sus seguidores consideraban divinas, integrándolos por legiones al conjunto de “feligreses de la Iglesia Maradoniana”.

La comprensión cabal de las condiciones existenciales de este trasbordo del fanatismo deportivo hacia un contexto pagano-religioso, no se había asomado de una manera tan impactante y clara como lo hacía ahora, por eso, busqué información adicional sobre la pasión y muerte de Eva Perón para entender de alguna manera “su elevación a los altares” y, sin necesidad de ir a bibliotecas, encontré mucho material en las calles, entre la gente y en ese sentimiento nacional que produce el peronismo que vive -aunque algunos se resistan a reconocerlo- en el alma de los argentinos. La descripción de Eva Perón no es, de ninguna manera similar a la de Maradona, sin embargo, hay importantes similitudes y diferencias. Ambos provenían de la pobreza más cruel y ambos habían despertado –aunque por distintas razones- un apasionamiento vibrante entre la gente.

El caso de “Evita” superó la mundana suma de equivocaciones y expió sus culpas con obras de un inconmensurable amor por los descamisados, es decir los trabajadores, momento en el que su recuerdo se inmortalizó hasta endilgarle dotes de intersección divida. Y si bien, ninguna otra agrupación o movimiento logró el nivel de adhesión y compromiso que el peronismo, algunos piensan que, en el fútbol, de alguna manera si sucedió, porque el sujeto fanático compartió su existencia con muchos más formando una nación viva y un pensamiento nacionalista cuyo paradigma es la grandeza del ídolo que se siente incluso presente en los piquetes de la protesta y en el sindicato. Por eso en ese contexto, Maradona, la iglesia maradoniana (templo incluido en la ciudad de Rosario) y sus no pocos seguidores, son una expresión de la cultura popular que no hay que ningunear aun cuando no perdamos de vista tampoco, que la vida del deportista osciló entre la genialidad creciente del Maestro que para algunos hizo suya la corona del mismísimo rey Pelé y, la pequeñez sórdida de los excesos del irreverente cuya vida era asaltada por esos  demonios que finalmente le pasaron una costosa factura que, según su propio decir, “ya había pagado con creces”

Hoy, las notas dan cuenta que Diego ha muerto y viene a mi mente todo lo que generó en el consiente colectivo, del comportamiento grupal que lo llevaba –como a la generalidad de la gente- a reconocer las cosas malas que hacía, pidiendo perdón, pero al mismo tiempo, buscando no cambiar en lo más mínimo para no dejar de ser aquel a quien seguían por sus hazañas y en quien el ciudadano promedio se veía reflejado por los mismos problemas que enfrentaba. El sentimiento popular no es irreflexivo, pero el fanatismo sí porque va de la mano con la pérdida del sentido común y la lógica que no hacen confiable a quienes sostienen que el éxito lo debe perdonar todo una y otra vez. Y, aunque yo creo que Diego no se terminó de perdonar él mismo, sus dramas existenciales si fueron superados por su genialidad y el amor a la gente.

El Diego jugaba extraordinariamente bien y su paso por el futbol estuvo signado por su permanente ganas de triunfar generando esa especie de frenesí y entusiasmo compulsivo que ha movido a mucha gente por la ruta de un norte ganador y de la alegría en medio de un mundo que hace rato, solo hace llorar. En Buenos aires, encontré a “Evita”, comprendí más a perón y, entre los dos tipos de personajes que construyen los mitos, convine en que lo sagrado había convertido a Maradona en el “Diez”, pero los humanos, en un “dios”. Diego ha muerto, que haya paz en su tumba.

SWARMING, O LAS ABEJAS SALVADORAS

Una aproximación a los Jóvenes movilizados en el Perú

Las reacciones de grupos de exaltados en las calles no hay que subestimarlas, ni siquiera, por el hecho que no es la vieja movilización revolucionaria de los trabajadores de la ciudad y el campo, ni de los pobres, sino, la expresión de una clase media apabullada por la crisis al que se sumaron los golpes que la corrupción le ha infringido a la moral pública.

Estos hechos, nos acercan a un entendimiento que va más allá de Odebrecht, la vacancia presidencial, la curricula del presidente Merino de Lama o, incluso, los dramas de la realidad social y la política, llevándonos por la ruta de oportunidad del SWARMING, o, la llamada “estrategia abeja”, una forma muy antigua de ataque usada en conflictos de todo tipo que replica el comportamiento del insecto, con la finalidad de atacar un objetivo enemigo, de diferentes maneras y en distintas direcciones, sobre la base de la idea de confundirlo y ganar tiempo para que el daño que se le  pueda infringir, lo inmovilice.

Los medios de comunicación, en su desesperada carrera por el presupuesto público y con pleno conocimiento de las tropelías y corruptelas de Martín Vizcarra, le plantearon al gobernante un juicio mediático hasta arrinconarlo, pensando obtener ventajas de esta situación, sin calcular, la respuesta de un congreso que, sin nada que perder y con muy bajo nivel de sus representantes, terminaría encausando una lograda vacancia presidencial cuya secuencia se escapó del control de los medios, razón por la que desplegaron todas las estratégicas comunicacionales imaginables, publicitando y dándole cobertura a una inicial y pequeña marcha de no más de 200 jóvenes exaltados, hasta lograr que se adhieran una cantidad incalculable de jóvenes.

Desde entonces, la violencia ha ido creciendo y protagonizando nuevas y crecientes manifestaciones, sin que al mismo tiempo, no se tomara debida en cuenta el efecto que produjeron estos hechos de tanta significación en Chile y los Estados Unidos, donde los jóvenes –simbólicamente- fueron tomados de rehenes por el anarquismo, en medio de una suma de reclamaciones imprecisas, slogans y generalidades como las que se han puesto en evidencia estos días también aquí, en Perú, donde, no se necesitan razones para  marchar tal y como lo han expresado algunos muchachos no partidarizados, quienes no han podido responder claramente lo que exigen, ni porqué.

Esta, no es la protesta contra la “Ley Pulpin”, ni la indignación contra la “repartija”, tampoco son réplicas de las añoradas manifestaciones de las juventudes contra gobiernos o leyes impopulares, estamos frente a la presencia de una respuesta “alpinchista”, movilizada sobre el conjunto de heridas del alma social que los jóvenes clasemedieros cargan y que sirven -como sostienen en sus canciones estos días-, “para portarnos mal y deshacerlo todo”.

No es necesario psicoanalizar a nadie para encontrar la fuerza de la frase “romperlo todo para hacerlo todo de nuevo y mejor” y eso, no es comunismo, ni tiene que ver con el seudo protagonismo insulso de una izquierda caviar que es cómplice del sistema y que, en estos tiempos, la verdad, no levantan contra el estado del que viven, ni siquiera sus lapiceros.

Este es el imperio del desaliento, de la ausencia de esperanza, del hartazgo y del triunfo momentáneo del desorden anárquico que responde la monserga neoliberal que, por casi cinco décadas continuas les ha dicho a los más chicos, que la política no sirve para nada y que la democracia no se come. El Vizcarrismo cree ingenuamente ver en estas manifestaciones su reivindicación, los corruptos, anhelan mayor crisis que posterguen sus enjuiciamientos, mientras los pillos están de feria tratando de “estar en la foto”, pensando ganarse alguito al más puro estilo de Julio Guzmán, el típico político desesperado al que estos chicos desprecian profundamente. La Izquierda parásita, no termina de entender por qué le sale mal todo, en todo caso, harían bien en escuchar con detenimiento, los gritos contra Verónica Mendoza en plena plaza del Cuzco, donde al unísono una muchedumbre airada coreaba que “derecha e izquierda, es la misma mierda”.

Un sinnúmero de análisis rodean lo que está sucediendo en las calles y aun cuando en términos objetivos, pareciera no tener las dimensiones de las crisis en otros países, múltiples agentes coordinadores y provocadores suplen el viejo liderazgo y permite la histórica acción directa que los anarquistas enarbolaron durante buena parte del siglo XIX y XX  y al que se suman las redes, anónimos protagonistas que logran agrupamientos, pero también, el sincronismo que produce esa apabullante sensación de fuego cruzado que termina golpeando al sistema desde todos lados y que une a los esclarecidos universitarios con  las barras bravas y el mismo entusiasmo de los núcleos marginales que ahora, cartel en mano, marchan por Lima generando la falsa y engañosa sensación de victoria entre las ONGs, que cuando hagan el inventario de los acontecimientos, encontrarán los muertos que necesitan para sus campañas por los derechos humanos de la mano de movimientos ciudadanos que podrán legitimarse dando vueltas en la plaza San Martin de Lima, mientras recolectan fondos pasando el sombrero en las dadivosas Europas.

La lógica formal-policial de detener a los “vándalos” es una ficción imposible, una frase infeliz o simplemente, una estupidez. No persuade, rebela, no explica, confunde. Observemos que estas movilizaciones de alta intensidad y masiva concurrencia fija en el subconsciente colectivo de la gente, la voz de los “somos más, mejores y los únicos salvadores” que, destruyéndolo todo, allanan la tierra para construir nuevas y mejores cosas, esa posibilidad de lograr la libertad por encima incluso, de una democracia que no se come, atendiendo a la razón de quien levanta un cartel, es porque tiene la voluntad de enrolarse en una acción común, incluso, violenta, aunque no pueda explicar exactamente, porque está allí.

Seguir promoviendo -por irresponsabilidad o ignorancia el Swarming-, es exponer al país a esa estrategia Abeja que los Trolls ponderan y propagandizan por las redes sociales bajo la billetera de quien está dispuesto a dejar el gobierno, pero nunca, el poder. En todo caso, falta poco tiempo para que la derecha, los mismos medios y las oligarquías rendidos de miedo, volteen a exigir a los partidos políticos, esos a los que llamaron “cúpulas tradicionales”, que enfrenten el caos y frenen la violencia, pero ello, sólo podría ser posible, si para responder eficazmente, se entiende que el tema no es Vizcarra, ya que él no salvara el juicio de la historia, ni, si Merino estudió o no, sino, la crisis estructural y las enormes brechas sociales existentes que concentra la riqueza en pocas manos, en tanto la pobreza se distribuye entre muchos.

Atender los problemas de los jóvenes, resolver la crisis moral, educar para elegir mejor y devolver la institucionalidad es una tarea urgente. Haya de la Torre lo dijo visionariamente hace muchos años, hay que resolverla fórmula recurrente en la historia del Perú contemporáneo: Justicia Social o violencia sistémica. Cambiemos al país, antes que nos lo cambien recordando que no hay pueblo bueno, ni pueblo malo, sino, buenos o malos dirigentes.

 

 

Gráfico.El Periódico.

AREVALO Y UNA CRUZ A LA VERA DEL CAMINO

Manuel Arévalo Cáceres: Pasión y muerte de un líder proletario

Desde los años 40 del siglo pasado, una enorme y singular cruz se levanta entre los pueblos de Huarmey y Pativilca, en una zona llamada “Cerro Colorado”, a la vera de la carreta Panamericana.

En la medida que uno se acercarse a ella, ésta crece majestuosa e imponente y, a pesar de encontrarse en una zona literalmente inhóspita, los lugareños dan cuenta que indistintamente, a cualquier hora del día o la noche, se detienen viajeros, quienes limpian el lugar, dejan flores en su regazo y levantan su brazo izquierdo.

Cómo no suele pasar con ninguna otra expresión monumental, en sus casi 80 años, esta cruz no ha sufrido, ni barbarie, ni es sus muros existe registro o escritura alguna, sin duda, una señal de respeto.

Pero esta no es una de esas tantas manifestaciones de culto y religiosidad que marcan el paso de los transeúntes y viajeros de todo el país, es un oasis de convicciones y un punto cósmico de reconocimiento profundo, dedicado a valores que la entrega de una vida nos recuerda como una exigencia en la búsqueda de formas civilizadas de convivencia, justo en nombre de los cientos de miles de héroes que el pueblo pobre ha entregado en el ideal de un país justo y libre.

La historia de aquella cruz, es la de un hombre, Manuel Jesús Arévalo Cáceres, una vida agónica que se apagó justo en el lugar donde se levanta la cruz. Allí, por largo tiempo, acampaban grupos de jóvenes y era un punto de encuentro en el que grupos de personas se congregaban para realizar actos de sensible recogimiento. Luego se supo que la cruz, ahora erguida y firme, fue en realidad la segunda. La primera cruz fue artesanal, con bases de barro y hecha de madera por manos proletarias en el último tramo de la llamada “gran clandestinidad” que sufrió el país desde 1932 en manos de dictadores.

Meses antes de llegar a la primavera democrática de 1945, el lugar fue asaltado, la rustica cruz destruida sin que el dictador pudiera impedir que cada 15 de febrero los trabajadores y el pueblo pobre se reuniera en aquel lugar. Sin la señal en medio del camino, la inspiración de Haya de la Torre convocó manos encallecidas por la labor de pesca, a sudorosos campesinas y fortaleza obrera local para levantar una nueva Cruz bajo la labor vigilante de Alfredo Tello Salavarría y Carlos Tello, reconocido aprista de la localidad de Barranca, quienes fueron testigos de la forma emocionada  como se levantó esta nueva señal de identificación popular en tributo al martirologio de una de las figuras más trascendentes del movimiento popular, a un hijo del pueblo, a Manuel Jesus Arévalo Cáceres, autodidacta, líder entre los cañaverales en La Libertad, organizador de inquietudes obreras y Diputado constituyente aprista, contra quien, en 1937, tras una persecución oprobiosa, el dictador Benavides se ensañó, deteniéndolo, encarcelándolo, torturándolo de manera monstruosa y finalmente, asesinándolo por la espalda justo allí, hasta donde tres criminales de la policía política lo llevaron, creyendo que su muerte física, quebraría al movimiento que representaba, hiriendo el corazón del noble pueblo aprista.

Luis Alberto Sánchez narró en su Memorias que: “Le destrozaron las falanges de los dedos metiéndolas entre los goznes de una puerta para reventárselas al cerrarlas violentamente. Sin dedos, azotado, golpeado, colgado de lo que quedaba de manos, Arévalo fue despachado en un automóvil hacia Lima a fin de evitar la protesta de los cañaveleros del valle de Chicama”. La vida de Arévalo constituye un emblema de dignidad para los trabajadores y para quienes, inspirados en su lealtad y consecuencia, siguen sus pasos buscando justicia social.

Una tumba vacía en el Cementerio de Miraflores, en la ciudad de Trujillo, da cuenta de una ausencia simbólica que por años la reacción consideró una victoria, sin embargo, tras su muerte, Arévalo pasó a la inmortalidad convirtiendo su pensamiento y obra en un mandato: Fe, unión, disciplina y acción.

La Cruz de Arévalo sigue siendo un punto de peregrinación proletaria y acaso, un centro de reavivamiento aprista que nos recuerda la heroica vida de un noble luchador social que entendió que la verdadera victoria sobre la opresión y la injusticia, está en el sentido trascendente de la conquista de la justicia social que hoy, mirando la Cruz, ubicada a la vera de la carretera Panamericana, nos recuerda esa vida agónica, de sacrificio y entrega de un mártir como Arévalo, quien nació un 15 de octubre de 1903 en la localidad de Santiago de Cao, en el Valle de Chicama, en tierras de La Libertad y fue aprista.

 

 

 

Gráfico y fotos: Croce, archivos LS.

LUIS ALBERTO SANCHEZ EN LA INMENSIDAD DE LA HISTORIA

Luis Alberto Sanchez, o “el doctor Océano”, vino con el siglo XX (1900), y su nacimiento data del mismo día en que algunos recuerdan el encuentro de dos mundos y otros, el testimonio cruel del genocidio de millones de indios en manos de la conquista de un Imperio.

Fue profesor de escuela, escritor, periodista, abogado, crítico literario, traductor, editor, catedrático universitario y político. De ideas liberales, comento más de una vez que quiso estudiar en el “Primer Colegio Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe”, pero terminó estudiando en La Recoleta, porque sus padres querían alejarlo de los revoltosos

Fue parte sustantiva del equipo que hizo realidad el proyecto del periódico aprista “La Tribuna” del que fue su exitoso director junto a Manuel Seoane, con quien, en muy pocos meses, tras haber revolucionado el periodismo local con nuevos formatos y aportes, competía con el diario “El Comercio”, a quien confrontó en medio de una polémica ideológica que la historia recuerda como el gran debate entre la oligarquía y los pobres.

Hombre de fe y partido, su vida estuvo ligada a las Altas Letras, al aprismo al que consagró su vida y, a Haya de la Torre, con quien mantuvo una relación personal entrañable.

A él se debe la afirmación de los valores de la Reforma Universitaria que mantuvo desde el llamado “Conversatorio Universitario” del que formaron parte Raul Porras Barrenechea y el propio Haya de la Torre, entre otros, pero también, de la llamada segunda reforma. Su vida intelectual está íntimamente ligada a su militancia política de toda la vida en el aprismo y, a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de la que fue tres veces rector, y en la que sus aportes son tangibles, incluyendo el impulso a la investigación y a la realización del proyecto de la Ciudad Universitaria.

Alejado de los brindis pacatos, le fueron esquivas las nominaciones pomposas y los reconocimientos de la burguesía intelectual, pagando con dignidad su militancia política, aunque su vivo interés por la realidad nacional y la literatura, marcó el compás de la historia de la que fue real protagonista, por eso, sus reconocimientos llegaron por sí mismos y luego, su nombre aparecería en el registro histórico con sus más de cien libros publicados.

Tentado en muchas ocasiones, fijó una línea inquebrantable contra la felonía y la traición. Lo recuerdo emocionado en sus clases de Historia de América, en su curul Parlamentaria, o en su sobrio estudio del jirón Moquegua, en medio de esa impenitente condición de periodista que atendía «columnas» de comentarios radiales muy de mañana, de Abogado desarrollando estrategias procesales en su Estudio Jurídico, mirando el mundo críticamente, traduciendo textos y recibiendo sin mayor complicación a quienes lo visitábamos, claro, cuando no asistía al partido a las reuniones de la Comisión política apoyado siempre por un conjunto invalorable de colaboradores que lo asistían y entre los que destacaban, Alberto Franco, amigo, sanmarquino y compañero de mi padre y Manuel Aquézolo, amigo, villarrrealino y compañero, como quien estas líneas suscribe.

Había perdido gradualmente la vista y sin embargo, cada vez parecía ver mejor que otros cada acto o suceso que se producía en el país o en el mundo. Dueño de una inteligencia magistral, ejercitaba a menudo su sagacidad casi instintiva -al que con los años le adicionó esa ventaja que da la experiencia- confrontando polémicamente a sus adversarios políticos.

El buen Luis Alberto, el compañero Sanchez, o simplemente, LAS, vivió al compás del latido de su corazón aprista que dejó de latir el 06 de febrero de 1994, año en el que, como suele suceder, comenzaron los homenajes tardíos y negados por mezquindad en vida, aunque, LAS pudo siempre más que sus adversarios y constituye un referente de la política peruana y latino o indoamericana. Su recuerdo perenniza el sentido trascendente de una vida puesta al servicio de la cultura y la política, de esa buena política que, en estos tiempos de mediocridad y corrupción, tanto extrañamos y necesitamos.

¿VAMOS TRAS EL CANDIDATO IDEAL?

Reflexión electoral…

Tras las sucesivas crisis económicas y la pandemia, uno de los aspectos más sensibles para la población es la falta de confianza y el desaliento.

Es innegable que todo indica que nadie cree en nadie, que todos desconfían de todos y que incluso, creyentes y ateos, esperan irónicamente, milagros frente a una realidad dramática que combina la insensibilidad (o incapacidad) gubernamental con una pandemia que hace que la muerte nos golpee el rostro a diario.

Es evidente que este escenario ha desnudado la fragilidad humana, la debilidad ciudadana y la falta de compromiso de un conjunto de aventureros que se hicieron del poder para saquear las arcas públicas. El problema es que sin atrevernos a ensayar una descripción del futuro de anormalidades que nos espera, primero debemos afirmar que ese es un tema anterior a la emergencia sanitaria y que nuestras carencias como país están íntimamente relacionadas con la dimensión de la corrupción y la impunidad en la que hemos vivido y que nos llevó a encontrar pretextos para nuestras desgracias y justificaciones para las  irresponsables conductas sociales, signos de un tiempo en el que la palabra cada vez significa menos, la convivencia sólo da derechos y no genera obligaciones, la falta de moral es considerada una falta superable y la traición, es un derecho a la subsistencia con defensores de oficio.

Pero, además, la Campaña Electoral nos aproxima a un escenario de fuegos artificiales, a maniobras que deben alertarnos sobre intereses cada cual más ilegítimo que el otro. La necesidad de prudencia surge llamándonos a actuar con respeto por los demás, insistir en cambios posibles, urgentes y necesarios para «no apoyar”, a ningún candidato que aparezca dentro de la “estructura institucional on line” que no represente ideas y programas confiables.

Los partidos o movimientos, como los conocíamos- siguen soportando una dura crisis que, de hecho, superarán, pero mientras tanto, lo ideal, es que el candidato de esta hora, por lo menos, represente lo que quien lo postula es. Vale decir, que la peregrina idea de los mercantilistas que exigen “que un candidato sea lo que la gente quiere que sea”, es un atentado a la ética política y además, un despropósito grosero usado como argumento por un populismo mediocre que detesta la ideología y proscribe la doctrina, llegando al colmo de usar a dioses paganos de frases elaboradas, la felicidad como idea abstracta, la dádiva y todos esos lugares comunes que constituyen parte de la farsa usada generalmente por la mediocridad o el corrupto para intentar mantenerse en el poder .

Sólo una biografía que refuerce el objetivo político, que eduque y promueva la nueva ciudadanía pos pandemia, que concerte ideales y conjugue planes podrá salvar al país y, de paso, a los partidos y a las instituciones del abismo al que están próximos. Entiendan que no actuar en consonancia con principios, tiene un costo. Allá quien esté dispuesto a pagar esa factura tan alta. Sé que finalmente tendremos futuro si actuamos de acuerdo a nuestras convicciones.No olvidemos que todos tenemos derecho a pelear con molinos de viento al lado del hidalgo Don Quijote de la Mancha si nos da la gana, pero también, a quemarnos en el fuego perverso de la décima fosa al que pertenecen a los charlatanes y falsificadores en La “Divina Comedia” de Dante Alighieri.

 

 

Graficos: asfiscal/Gustave Doré: Ilustración del Paraíso para la Divina comedia.

Y AHORA, ¿QUIÉN CONSUELA A MAFALDA?

A Quino, en la inmensidad de su universo

La voz preocupada de un compañero, me alerta. Joaquín Lavado, Quino, ha desaparecido. La noticia estruja el alma de quienes aún respiran solidaridad y militancia más allá de los años y estos tiempos donde el corazón se hace de hojalata. Las preguntas van y vienen en un mar inmenso y lleno de tanta desolación como el que sufren las Madres de Plaza de Mayo en Buenos Aires o, en las manifestaciones que en Santiago y parte de américa latina y el caribe han producido los deudos de los desaparecidos por las dictaduras y donde Mafalda siempre estuvo presente.

Joaquín, Quino, o sencillamente, el papá de Malfalda, parece haber sido golpeado por un sátrapa peor, injusto y por momentos inclemente, que nos lo arrebató para dejarnos sin ese ser que nos distanciaba de la mirada del mundo real, frio e inmisericorde que Mafalda trata con tanta ingenuidad irónica. Y es que nos quédanos con ese sentido inmaterial y no pecuniario del progreso, esa vocación por la felicidad que convertía lo cotidiano en “un sin sentido”, y la alerta a las vanguardias de “los sin miedo” para enfrentar todo con buen talante y la misma provocadora ironía que fluía cuando se preguntaba: ¿Porque los que luchan contra la violencia, usan más violencia para luchar? o ¿Porque para preservar la vida hay algunos que matan?

No sé si la familia marchará en su memoria o, la memoria de Quino marchará sobre el mundo con el más sutil de los lenguajes y la más fina de sus ironías. Con el tío de Susanita, Manolito, Felipe, Miguelito, Guille y todos los demás, levantamos la mirada al infinito y nos preguntemos con la misma ingenuidad en la que viven ¿Por qué se van los buenos y nos dejan tantos gobernantes malos?

Mafalda hizo filosofía profunda y su voz fue consigna.  El buen Descartes le seguirá sirviendo mientras deshoja margaritas y Mafalda, la ironía viva, la tribulación andando, la angustia superada y la fuerza de una razón pura, se seguirá quedando -como muchas de su género-, en los impactantes 6 años que tenía en setiembre de 1964 –cuando apareció- en medio de la nostalgia absoluta de los Beatles, los atisbos de nuevas generaciones atrevidas y la defensa impenitente de los niños y sus derechos del mundo de paz, ese universo que anhelaba y que lo sentía esquivo porque no “podía  ir derecho ya que nunca le permitieron aprender a manejar”, sobre todo,  para tratar de vivir mejor en “esa democracia que se compra en la botica porque se consume en gotas”.

Guerrera, femenina, activista y militante, nos acompañó en las protestas contra intervenciones imperiales y la violencia del hambre. Siempre progresista y presente en las marchas estudiantiles y políticas -donde sus mensajes se convertían en leyenda-, vistió de faldas cortas cuando todas usaban largas, se resistió a usar pantalón y mantuvo el cabello cortó cuando se imponían fastuosos y largos, replicaba en tiempos en los que otras callaban y terminó en el suelo, golpeada en medio del gas lacrimógeno cuando, como yo, fuimos reprimidos en aquellas manifestaciones en las que su boina roja jamás se le movió de la cabeza.

Si me acompañó tantas veces, ahora que su papá no está, siento que debo acompañarla, aunque a sus 56 años siga pareciendo tener muchos menos años y ya no está sola, millones de compañeros en el mundo entero la acompañan ante la ausencia de Quino, reclamándole simbólicamente a la vida: ¡VIVO LO CONOCIMOS Y VIVO LO QUEREMOS!

Hasta siempre, Quino.

VACANCIA MORAL Y BIPOLARIDAD CONGRESAL

La manera como Martín Vizcarra de defiende de las graves imputaciones que pesan sobre él -en medio de traiciones y negociados- le arrebata la banda presidencial aun a pesar que pueda haber logrado una votación congresal que impide su vacancia y le permite sentarse en la silla de Pizarro un tiempo más. Lo que sobrevendrá, no es muy difícil de imaginar. Un gobernante deslegitimado por la sombra de la corrupción y la incapacidad no le sirve de mucho a un país urgido de confianza en las medidas que protejan a la población y sienten las columnas de lo que será el futuro inmediato de la patria.

El pedido de vacancia presidencial expuso un régimen descompuesto, un gobierno errático y planteó sucesos opuestos a toda lógica, de alguna manera, un denominador común en la política latinoamericana de los últimos tiempos donde cualquier cosa puede pasar en medio de la ausencia de valores que lleva a nuestros países hacia el abismo. Por eso es que no sería raro que tras culposas negociaciones que ponen en evidencia la corrupción imperante, haya ganado la falta de sentido de trascendencia y la pequeñez moral de quienes desde el poder –como hacen las bandas criminales- resuelven sus problemas legales anulando testigos y comprando conciencias para burlarse de la ley, dejando en suspenso la sanción -incluso penal como en el caso peruano-,  por obstruir a la justicia, manipular testigos y alterar pruebas.

En Perú, Vizcarra ha sorteado una vacancia cantada, gracias a la conducta bipolar de parlamentarios que en el discurso lo sometieron a un verdadero juicio popular, en tanto votaron a su favor para que no se le vaque, dejando intacto el peso de la larga lista de imputaciones que lleva en la mochila, algunas de las cuales, han significado procesos investigatorios que el Congreso prefirió ningunear, atendiendo “los altos intereses de la patria” cuyo tufo a repartija ha quedado impregnado en el ambiente.

El discurso maniqueo del precario mandatario, no negó lo evidente, ni desvirtuó las infracciones logrando una pírrica victoria con visos de impunidad que le permitirá seguir teniendo la llave de palacio, pero, sin legitimidad.  ¿Con que autoridad gobernará a partir de ahora? ¿Qué maniobras se producirán en medio de un proceso electoral en el que se juega no sólo la elección de un nuevo presidente, sino su propia suerte tras el 28 de julio de 2021? ¿Qué nos garantiza su imparcialidad? ¿Cómo podrían estar seguros los partidos políticos de su participación o del resultado en esas elecciones?

En política, los gestos permiten aventurar percepciones y una de ellas, hace evidente que Martín Vizcarra había quebrado a parte del bloque que pedía su vacancia antes de presentarse en el Congreso. ¿Cómo lo hizo? Tal vez las maniobras que quedaron en evidencia al conocerse el contenido de los audios nos respondan esa y otras preguntas; pero, en todo caso, fiel a su estilo, el régimen parece no haber renunciado a su vocación autoritaria, ni a sus aprensiones dictatoriales. En conjunto, la defensa de Vizcarra definió una estrategia llena de artilugios sólo para justificar los votos comprometidos de antemano, independientemente de volver a pedir perdón por lo que han hecho otros, lo que por cierto constituye una forma de excusarse, y una excusa, es peor que otra mentira.

Sin  vergüenza alguna, queda claro que Vizcarra ya no tenía que aclarar nada, por eso llegó hasta el parlamento, levantó la voz y repitió su guión, ninguneando la evidencia de haber concertado testimonios para mentir al propio Congreso y también al Ministerio Público. Mencionó la ilicitud de audios cuyo contenido son de real interés público y se escudó en una pandemia que ha producido el record mundial de cerca de setenta mil muertos cargados a su incapacidad, legando, además, un mensaje dramático que confirma la regla de la corrupción: el poder es para usarlo y poder que no abusa, no es poder.

La poca importancia brindada a la moral pública pone en evidencia uno de los más graves problemas que enfrentan nuestras sociedades, sobre todo, cuando se convierte en un tema de significación irrelevante. Por eso, las interpretaciones laxas sirven para todo y el show protagonizado horas antes de la presentación presidencial, en la que un tipo funge de perturbado ante medios de comunicación concesivos y ablandados por la publicidad estatal para, -cual Mario Poggi redimido-, confundir, invalidar y caricaturizar con recital musical incluido, los valiosos testimonios que son parte de investigaciones que se deberían realizar en sede judicial.

Si bien el parlamento tomó una decisión definitiva, es dueño de su propia mediocridad y también de sus miedos. Han quedado incólumes las imputaciones a Vizcarra y, si algún testigo se desdice, eso no significa que las acusaciones hayan sido falsas y que los protagonistas no hayan intervenido en la serie de despropósitos e infracciones a la ley, solo muestra, que los resortes del poder se han estirado lo suficiente como para amedrentar y callar con éxito a quienes, si otro hubiera sido el resultado, nos hubieran ahorrado varios meses para que el precario de palacio responda por sus culpas.

 

 

 

 

Gráficos Informate y Lima al día.

LUZ SOBRE PETRA

Comentarios a propósito de una piedra en la casa de Haya de la Torre…

Con un significado asociado a la inmortalidad, la piedra ha sido usada para cincelar en el tiempo, épocas, momentos históricos, o personajes de gran valía. Los entendidos sostienen que allí radica el extraordinario simbolismo de Petra, antigua ciudad ubicada en la mitad de los caminos bíblicos (cerca a Jordania) construida fundamentalmente en roca, como si fuera una escultura destinada a señalar por siempre, un lugar, un momento o, el protagonismo de batallas cuyos líderes quedaron perennizados en la trama misma de la historia.

Los apristas conocemos una piedra singular, tiene forma triangular y se eleva al infinito. Reposa sobre la tumba del fundador del APRA, Victor Raúl Haya de la Torre y guarda en discreta solemnidad una frase llena de simbología: “Aquí yace la Luz”.  Se encuentra ubicada en el antiguo cementerio “Miraflores” de la ciudad de Trujillo, región de la libertad, en el norte del país y hasta allí, en peregrinación confesa, llega gente de buena voluntad tras el legado moral y el pensamiento político del insigne peruano que despertó las conciencias el pueblo pobre y construyó un sólido movimiento que defendió los intereses de los desposeídos en America Latina y el Caribe, Nación a la que llamó en la ruta integradora de Simón Bolívar, Indoamérica.

Victor Raúl, como lo llamaba cariñosamente supueblo, vivió y murió el 02 de agosto de 1979 en una finca de la localidad obrera de Vitarte llamada “Quinta Mercedes”, un espacioso lugar desprendido de todo tipo de pretensión material, propiedad otorgada en préstamo por un familiar cercano, donde Haya de la Torre sufrió su agónica peruanidad reflexionando por el país que tanto amaba y trabajando mucho por el partido que forjó personalmente. Tras su desaparición física, lo que fue su hogar y todo lo que contenía, pasaron a ser parte de la Casa Museo Haya de la Torre, ahora, una pujante entidad que difunde sus ideas y preservar su legado.

Aunque sé que muchos conocen el trabajo dedicado de su Director, Wilbert Bendezú Carpio, es necesario resaltar su estupenda labor porque el silencio no sólo es injusto, sino, mucho más enojoso que la crítica. A este respecto, menciono con pleno conocimiento de los hechos, que cuando Bendezú se hizo cargo de la Casa Museo, eran dramáticas las circunstancias que rodeaban aquel momento y de la angustia y preocupación por la preservación de su legado, vulnerado aquellos días por un robo de lesa cultura. Inicialmente, sólo, y luego acompañado de la presencia diligente y fraternal de unos pocos compañeros, trabajó muy duro por recuperar materialmente los enseres de la casa y también, por volver a darle contenido y sentido trascendente a esta obra que se salvó del desapego y el abandono, por su interés y preocupación sin descanso. Lo siguiente, han sido buenas noticias. Resultados auspiciosos, orden y mucha pasión en el trabajo.

El denso terral que encontró Bendezú y que rodeaba la pequeña casa, dio paso a una descomunal manta verde que muestra vida intensa en el lugar donde se guardan verdaderos tesoros vivos de la historia de la Nación al que se le ha sumado, una pulcritud en el desarrollo de objetivos en los que los testimonios del pensamiento hayadelatorriano se encuentran presentes, el detalle en valor de los textos recuperados, la posibilidad de acceder a la Biblioteca del maestro Gonzales Prada y material y fotografías que hablan por El Jefe, recordándonos que, si luce renovada y presta a compartir su valor, es porque hay un discípulo como Bendezú quien, más allá de las circunstancias se ha preocupado porque esto sea así.

En medio de una historia que no todos conocían y gracias al extraordinario y fraterno aporte de Cesar Castro Rojas, se ha colocado ahora en esta hermosa casa, una piedra, justo en el lugar donde se enterró, el corazón de Victor Raúl, el viejo León, en tanto la representación de “toni” -el leal pastor alemán que guardó su recuerdo y parte de su cuerpo en aquel lugar-, reposa en donde fue enterrado este noble animal.

Yo no sé, si alguien escribirá sobre todo esto, pero considero que este es un verdadero testimonio y tributo a quien lo dio todo por su pueblo y su partido, pone en valor agregado a la casa, pero, además, es la representación material de la perennización del nombre del fundador del aprismo cuya solidéz ideológica estará  representado en la piedra que provoca estas líneas que, de hecho, se convertirá en fuente de inspiración y peregrinación. La Casa Museo Victor Raúl Haya de la Torre dedica este lugar especial para el recuerdo de aquella extraordinaria personalidad que tanto extrañamos sus discípulos, que fuera dueño además, de una sencillez, grandeza y humanidad que podremos seguir tratando de imitar todos los días de nuestras vidas. Gracias Wilbert Bendezú. 

ALLENDE: Un hombre con nombre de salvador

Quisieron cubrir de infamia su memoria y los hechos fueron tergiversados para enseñar historias falsas. Tras el paso del juez justo del tiempo, queda claro que tuvo una vida agónica cuyo colofón fue un gesto heroico, un tributo a la dignidad, un paso definitivo a la inmortalidad.

Entre las sombras, la felonía trazaba el curso criminal de los acontecimientos que sobrevendrían a la noche del 10 de Setiembre de 1973 en Santiago de Chile porque quien pocas horas antes juraba lealtad al régimen constitucional, traicionaba la gloria institucional de su uniforme, manchando de sangre sus botones y convirtiendo al general Augusto Pinochet en el signo vil de la traición más abyecta.

Han pasado muchos años desde el 11 de setiembre de 1973 cuando derrocaron al gobierno democrático y constitucional de Salvador Allende, mientras la herida en la conciencia democrática aun nos duele porque nos recuerda la dramática diáspora chilena, los desaparecidos, la muerte de inocentes, el Estadio de Santiago ensangrentado y las canciones de protesta.

El hombre, militante de ideas de avanzada

Salvador Allende Gossens nació en Valparaíso el 26 de junio del año 1908 y fue un activo y disciplinado deportista que estudio medicina formándose en las tareas del quehacer social desde muy joven, cuando, en el taller de un sencillo zapatero anarquista, afirmó sus ideales que el socialismo y la masonería sellarían a lo largo de toda su vida. Su fraterno, permanente y activo contacto con la naciente izquierda democrática continental que lideró Víctor Raúl Haya de la Torre, le permitió desarrollar lazos de hermandad que se puso en evidencia cuando desde 1933 apoyó al exilio aprista en Chile donde -en comunión de ideales- participaron en la fundación del Partido Socialista adaptando y adoptando La Marsellesa, los pañuelos blancos de saludo y su bandera indoamericana.

Allende se mantuvo firme en ideales y sorteó los problemas derivados de su militancia cuándo se le prohibió ejercer la medicina, involucrándose en tareas sociales con periplos de visitas a los enfermos en barrios marginales. Su vida estuvo llena de hechos trascendentes. Fue elegido diputado por Valparaíso y Aconcagua, ocupó la cartera de ministro de Salubridad, Previsión y asistencia social del Presidente Pedro Aguirre y se casó en 1940 con Hortensia Bussi para, dos años después, en 1942, ser proclamado por las bases de su partido como Secretario General del Partido Socialista de Chile.

Senador en 1945, 1953, 1961 y 1966, fue presidente de dicha Cámara. Fue solidario con el aprismo tras el golpe de Estado militar en el Perú el año 1968 y un año después, en 1969 renovó una vez más su mandato senatorial. Si bien entre 1949 a 1963 presidió el Colegio Médico de Chile, fue candidato a la presidencia de la república en 1952, 1958 y 1964 respectivamente, hasta que el 4 de Septiembre de 1970, obtuvo la primera mayoría apoyado por la “Unidad Popular” una alianza que reunió a socialistas ortodoxos, los llamados cristianos marxistas y comunistas, logrando finalmente, tras un acuerdo con la Democracia Cristiana, ser elegido Presidente de la República, asumiendo el cargo, el 4 de Noviembre de 1970 momento en el que la historia latinoamericana daba un giro hacia el progresismo democrático, con una propuesta que se conoció como “la vía chilena al socialismo”.

Entre las primeras acciones de su gobierno, en el mes de diciembre del mismo año, nacionalizó las compañías del carbón, creando la Empresa Nacional del Carbón (Enacar) y el 11 de julio de 1971, en lo que se llamó el “Día de la Dignidad”, el Congreso Nacional aprobó por unanimidad la nacionalización de la Gran Minería del cobre, hasta hoy, en manos del Estado chileno.

La oposición de la clase alta contra Allende recrudeció una vieja polémica contra el socialismo y convirtió a la derecha e autora virulenta de todas las medidas de corte popular promovidas por el gobierno y que producían el respaldo de la población. Ese mismo sector dedicó todos sus esfuerzos a desestabilizar al gobierno socialista, innoble tarea a la que se sumó la centroderechista Democracia Cristiana. Allende resistió obteniendo nuevas victorias municipales en 1971 y parlamentarias en 1973 al vencer a la concertación conservadora en varios intentos de acusar constitucionalmente al presidente, instigando a los militares a participar en actos contra el primer mandatario, por lo que se dedicaron a generar especulación, acaparamiento y desorden en la economía.  

Lamentablemente, grupos comunistas de la Unidad Popular, se sumaron a la conspiración, promoviendo, irresponsablemente, medidas dictadas con carácter de emergencia contra determinadas empresas y tierras acompañadas de un activismo radicalizado e insulso, que generó rechazo en la población, y, paulatinamente, las condiciones objetivas para el golpe de Estado. A estas alturas, era imposible mantener un clima de paz y orden, en tanto la creciente fuerza de los trabajadores se convertía en una inexistente amenaza de dictadura sindical expresada en tomas de fábricas y minifundios por parte de quienes, por si mismos, se autoproclamaban “nuevos propietarios” cuando en realidad eran parte de un esquema izquierdoso, trasnochado, desordenado y pro-cubano. Los capitales entonces, fugaron, y, en retirada, el desorden tomó la nación.

La Unidad Popuolar, las derechas y sus privilegios

Una guerra entre el país conservador y Chile progresista colocó a Salvador Allende delante de los trabajadores y su pueblo. No había opción, eran ellos y un gobierno que los defendiera, o la capitulación que les devolvería el país a los ricos y sus intereses. Allende buscaba un país inclusivo, capaz de abrirse a los cambios y que le diera oportunidades a los que menos tenían. Los propietarios de comercios importantes se pusieron frente al gobierno de la Unidad Popular y ayudaron a mantener el boicot que generó escases y aumento del costo de vida. La inflación inició un ascenso galopante a la que se sumó la dramática huelga del transporte en el mes octubre de 1972 que remeció la solidez del gobierno.

Chile viviría a partir de aquel momento una crisis escalonada que provocó una economía de guerra, en tanto organizaciones terroristas de derecha como “patria y libertad”, sembraban el terror sumándose a la desestabilización del régimen. En estas circunstancias, el presidente Allende llamó a la unidad nacional y asistió a la Asamblea de las Naciones Unidas para denunciar la agresión de que era víctima su país. Fue ovacionado de pie por varios minutos por los diplomáticos tras ser enfático al denunciar que venía “…de un país pequeño, pero donde hoy cualquier ciudadano es libre de expresarse como mejor prefiera, de irrestricta tolerancia cultural, religiosa e ideológica, donde la discriminación racial no tiene cabida… La voluntad democrática de nuestro pueblo ha asumido el desafío de impulsar el proceso revolucionario dentro de los marcos del Estado de Derecho, altamente institucionalizado, que ha sido flexible a los cambios y que hoy está frente a la necesidad de ajustarse a la nueva realidad socioeconómica…”

Al 11 de setiembre de 1973, la presencia de los servicios de inteligencia norteamericana, la Operación Cóndor que respalda los golpes militares contra la democracia en la región y, la participación del conglomerado norteamericano ITT en el financiamiento de la irrupción constitucional estaba plenamente acreditado y el presidente ya había sido informado del revuelo conspirador de las fuerzas armadas en ciernes. Sendas reuniones entre los altos mandos militares acusaban el golpe contra la democracia que se hizo notar claramente, cuando la metralla puso fin al gobierno de la Unidad Popular, desatándose una ola criminal que tiñó de sangre y muerte las calles de Chile, precedido por un movimiento intenso en provincias y en la ciudad de Valparaíso que se convertiría -a partir de las seis de la mañana del mismo 11 de setiembre-, en testigo mudo de un tiempo de oprobio.

Solo el jefe de Carabineros llegó hasta el presidente para darle cuenta de los últimos acontecimientos cuando éste ya preparaba la resistencia. Desde palacio de La Moneda, planeando la defensa de su investidura y, en tanto la plaza venía siendo acordonada para aislarla de los barrios obreros y populares que la circundaban, las órdenes de la CIA que cumplirían los militares parecían ser irreversibles. Allende, con la mirada al frente siempre, estaba listo para la defensa que efectuaría de su gobierno y privilegió la necesidad de dar una lección al mundo. Invitó a que quienes permanecían en palacio se fueran para ponerse a resguardo. Nadie lo hizo.

Logró la salida de las mujeres y los niños, entre ellas sus dos hijas y luego, en medio del traqueteo producido por el ataque de los fusiles, se colocó un casco de guerra y, tomando una ametralladora en sus brazos, amenazó con viril actitud a quienes disparaban contra la democracia.

La Junta Militar dio un ultimátum a través de un manifiesto firmado por los comandantes de las Fuerzas Armadas y de Carabineros. Al vencerse, antes del mediodía, por aire y tierra, la sede del gobierno fue brutalmente atacada y sitiada, en tanto, dentro, algunos miembros de la Guardia de Palacio desertaban. El presidente no pronunció frase alguna de lamento, ni reproche a quienes lo dejaban. Con profunda convicción democrática, arma en mano, junto a un reducido puñado de hombres leales y leales, levantó la voz en defensa del mandato popular con el que llegó a palacio de gobierno.

La señal de Radio Magallanes trasmitía la última alocución en la que se escucharía a Salvador Allende. El país recibía un memorable mensaje de un hombre digno y leal en el que, sin parar, ni libreto, denunció la actitud cobarde de un grupo de militares que servían a intereses económicos extranjeros, exhortando a su pueblo a mantenerse alerta y vigilante en la defensa de los sagrados intereses de la patria,

La íntegra dignidad de un gran compañero

Nadie hubiera podido imaginar cómo, pese al inmenso cariño de la gente, Allende había sido traicionado. La CIA aparecía respaldando el plan conspirativo y le daba soporte al golpe militar, en tanto, para la KGB, Allende no era confíale por ser un demócrata químicamente puro. Lo que la historia ha registrado con pulcritud, es que Salvador Allende, en medio de una realidad mundial proclive al extremismo signado por la guerra fría, confrontado por la exacerbación de los operadores del comunismo extasiados por el modelo cubano, rechazó cualquier influencia extranjera y aunque terminó en medio del juego de poder y control de los ejes del poder mundial, actuó con la talla de un estadista defendiendo la soberanía de su país.

O Allende no era un hombre para aquel tiempo, o Chile no estaba preparado para un hombre de su dimensión. Soñó con un país para todos y bregó toda la vida para darle a los que menos tienen, la posibilidad de participar en la construcción del destino de su nación, por eso, rechazó el Plan de Fuga propuesta por los leales bajo la consigna: los hombres de fe, no se corren.

A la una y media de la tarde aproximadamente, cuando toda defensa era en vano por la superioridad numérica y bélica de los golpistas, en la Sala Independencia del Palacio de La Moneda, Salvador Allende se inmoló en defensa de la dignidad, la democracia y la voluntad popular. En su viaje al Oriente Eterno, no se llevó nada, porque todo nos lo legó, incluyendo “la certeza de que su sacrificio no sería en vano y que finalmente, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”.

La larga lista de muertos y desparecidos acompañaron los juicios contra el dictador y los socios del golpe. No hubo perdón para quienes mancillaron la dignidad de Chile tras dolorosos años de persecución, robo y crimen, en tanto se erige, vivo, altivo y victorioso Allende, un hombre con nombre de salvador, quien nos recordó justo antes de morir, que se abrirían nuevamente las anchas alamedas para ver pasar al nuevo hombre libre. Y asi ha sido.

EL PAÍS, MI PAÍS…

Hace mucho tiempo, mi nación dejó de ser inspiración para convertirse en fuerza e impulso de ideales y pasiones en la búsqueda de nuevas formas de convivencia ciudadana. No necesariamente ha sido posible lograr ese deseo, sin embargo, hemos dado la pelea tratando de construir un país de oportunidades en el que la libertad y la justicia primen por encima de cualquier interes individual o de grupo.

Por eso, cuando volteamos el rostro y, como si el tiempo se hubiera detenido en las épocas más difíciles de nuestra vida social, nos enfrentamos una vez más a un conjunto de taras que creíamos superadas, aparece con el régimen de turno en medio del abuso, el ejercicio corrupto del poder y la mentira hecha discurso del gobernante, refregándonos en el rostro, ser una republiqueta que reedita sus peores formas para, en medio de torpes desiciones y malos habitos ciudadanos, ganarnos alguito, tratando de convencernos al mismo tiempo de que somos asi, por una inexistente fatalidad histórica. 

Hay quienes pensaron que los dramas del mundo en esta hora nos harian mejores, pero la verdad es que eso sólo pasó entre los pobres, cuyo condición de abandono los devolvió a la solidaridad, al compartir de sus mágicas ollas comunes cuyo alimento nunca se acaba mientras haya alguien con hambre y esa extraordinaria asistencia al desvalido que se enfrentó en estos largos y duros meses a la conducta insana del gobernante cuyo régimen abandonó a nuestra gente en medio de la indefensión absoluta, dejándolos sin trabajo, alimento, muriéndose por falta de medicina, servicios de salud y hasta oxígeno, mientras unos pocos en cambio, acumulaban oprobiosas fortunas  que, no terminan de entender, en la tumba, no sirven para nada.

Se nos roba la esperanza y la sonrisa tras haber perdido la política honesta y entonces, para no perder el país en medio de la impunidad, independientemente de lo que le suceda al gobernante, levantemos la voz y hagamos que se sienta la indignación exigiendo que cese el robo al país de nuestros hijos.

Que se nos devuelva sobre todo, nuestro derecho a vivir en paz, a superar juntos las vicisitudes de estos tiempos y los escollos que vengan. Sólo pedimos un país mejor y con oportunidades, la posibilidad que se escuche el reclamo ciudadano y que, incluso a pesar que la pandemia frene gestos físicos y movilizaciones populares, nadie le robe, sobre todo a los mas pobres, la posibilidad de tener esperanza y ser felices.

Una ola de conciencia ciudadana debe seguir haciéndose sentir, tal y como lo hicimos contra el fujimontesinismo, antecedente de esta nueva réplica oprobiosa de errores y corrupción que han sido una constante en nuestra historia oficial y que ahora levanta como emblema el gobernante que, como sus émulos corruptos en todos los tiempos, pasará signado por el olvido o la cárcel.