HUMAREDA, MARILIN MONROE Y EL DESTINO

Nunca imaginé que mis vínculos con el periodismo me llevarían, de golpe, hacia el centro mismo de la genialidad, menos, que una casualidad, convertiría a un practicante como yo, en el reportero que realizaría la entrevista  acordada con Victor Humareda. 

Victor Humareda Gallegos, era de esos personajes que habían hecho de Lima una ciudad menos grisácea y fría. Su nombre generaba reconocimiento, aunque afincado en el populoso distrito de «La Victoria», había quienes en voz baja se referían a él como un marginal. Transitó impenitentemente hacia el bar «El Cordano» ubicado justo frente a palacio de gobierno en el centro de Lima por décadas,  llevando siempre a cuestas hojas en blanco, sus compañías imaginarias, fantasías irredentas y una risa burlona y sin sentido aparente que -mientras pudo- dejó constancia de su presencia.

Un trazo magistral solía acompañar ese pacto con la pintura que mantuvo frenéticamente hasta el último de sus días (o noches), dejando genial constancia de un expresionismo que lleva al observador de su obra ensimismado y casi de la misma forma como la complejidad y simpleza de  Vallejo nos traslada hacia un mundo de creación y riqueza espiritual.

Un día como hoy, 21 de noviembre, el año 1986, falleció en la ciudad de los Reyes el genial Victor Humareda. Sus ojos se cerraron luego que su voz se acallara antes de los 66 años de edad, cuando la vida no le debía exigir ese retiro que en cambio el cáncer le cobró.  La ciudad de Lampa, en Puno, había sido testigo de una pobreza secular allá en los años 20 del siglo pasado,  pero desde entonces sus logros sumaron victorias, primero desde que abandono la pobreza y luego, cuando comenzó a abrirse caminos de éxito con esfuerzo y trabajo en Arequipa y Lima,  donde en 1939 ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes, cuyos conocimientos y técnicas usó para salvar del hambre y la estrechez pintando en las calles.

Fuertemente influenciado por su origen, adoptó la corriente indigenista como propia y reconoció como sus maestros a José Sabogal y Juan Manuel Ugarte Eléspuru, entre otros, para, al terminar sus estudios, lograr una beca que lo llevó a Argentina hacia 1950, donde su formación artística se complementó  en la Escuela Superior de Bellas Artes de la Nación de Buenos Aires.

Regresó al Perú el año 1952 con una exposición exitosa a cuestas  y más de una década después, volvió a marchar a Europa de donde volvió victorioso. Mi encuentro con el maestro Humareda se produjo cuando el periodista que lo entrevistaría sufrió un impase y tuve que reemplazarlo, sin saber que ese mismo día, quedaría prendado de este ser raro y al mismo tiempo genial. La conversación, ya impregnada por las dificultades del habla, sus propios conflictos internos y acaso, la suma de harta incomprensión, me permitió conocer al hombre real, el de los trazos que hablan, quien lleno de ternura y voz altisonante expresaba profundo y harto amor.

Fueron testimonios de fantasías, celebridades  y colores que envuelven su vida. Al culminar la nota, con varios diablos encima, lo dejé recostado en su habitación del viejo hotel «Lima» en «La Parada» donde dialogaba con Marilyn Monroe, quien desde la inmensidad de la pared parecía protegerlo mientras era acurrucado por el insaciable grito de ambulantes, prostitutas  y comercio callejero que lo rodeaba.  Antes de cerrar la puerta, mire de frente a su acompañante permanente y le pedí que velara su sueño. Humareda era tan grande que su alma parecía no entrarle en la ropa.

UNA NACIÓN ¿DOS PAÍSES?

Con los resultados electorales que enfrentaron a Pedro Castillo y Keiko Fujimori, hay quienes gustan sostener que “el Perú quedó divido en dos”, como si antes de aquella circunstancia, esa noción de diferencias, distancias y quiebres no hubiera existido. Lo cierto es que el centralismo asfixiante viene con la historia nuestra, con el abandono lacerante de las provincias, el imperio de una oligarquía centralista capitalina y la negación torpe de un país mestizo que ha sido una constante y al mismo tiempo, una de las causas que explican las enormes diferencias que separan a los peruanos y por la que los extremos desde el poder, produjeron realidades contrapuestas que los científicos sociales ubican frente al mar y tras el ande por un lado o, entre el norte versus el sur, pero siempre como herencia de la misma visión extractiva y mercantil en el que la opresión y el oscurantismo vino sobre nuestras espaldas desde los tiempos del coloniaje, un período estudiado desde la perversidad del simplismo en el que se suceden caudillismos insulsos, tragedias sociales, frustraciones políticas, violencia y naturalmente, esa absoluta inestabilidad que ha sido la constante de nuestra historia.

Desde que el aprismo planteó su Plan Máximo Continental el año 1924 y luego, el Plan de Acción local en 1931 para el Perú, un nuevo discurso ideológico marcó nuestro derrotero durante casi todo el siglo XX, testigo de una confrontación real al sistema de explotación que se vivía, a través de la defensa de un modelo político-económico de profundo carácter antiimperialista, descentralizador, participativo y transformador que ha sido modelo de muchas sociedades al que las derechas solo opusieron rechazos, consignas y vetos.

Lo cierto es que no se conocen fórmulas distintas al aprismo que hayan surgido desde la comprensión cabal de la propia realidad para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, lo que explica el por qué desde los sucesivos gobiernos, se convirtió en una constante el voluntarismo  y la actividad de los grupos minoritarios que, respondiendo al cálculo de cada época llevó a la preeminencia a un individualismo practicista, anodino, antiético y reaccionario expresado por lo general en la arbitrariedad de un pensamiento inmóvil que toleró el oscurantismo y el esclavismo laboral, basado en razonamientos mercantilistas (estatistas y privados) en el que convergen hasta estos días,  los extremos de las izquierdas y las derechas que nos siguen arrinconando bajo la maniquea dicotomía de “cambiarlo todo, o no cambiar nada”.

El país mantuvo por eso un tramo por recorrer para afirmar la república y también para consolidar democráticamente su futuro integrador, para hacer viable una mirada común que pueda desplazar primero, las limitaciones de esa perniciosa comprensión social y económica básica de los ciudadanos y del Estado y luego, intentar la derrota entre nuestros gobernantes y líderes políticos de la incapacidad y la corrupción, males tan dramáticos como el populismo demagógico más abyecto.

Irónicamente, la izquierda radical en el poder estos días, llena de contradicciones, incapacidades y con una mediocre complicidad caviar, mantiene «el estándar burgués de la sociedad de decadencia«, aúpa y protege personalidades que nadie sabe si abandonaron el violentismo, pero que “exigen democráticamente” se les deje gobernar aunque respiren voluntad totalitaria y desprecien el sistema; mientras la derecha y una gama de voluntariosos tontos útiles, se enfrascan en una lucha de frases, movilizaciones poco estratégicas y sin contenido a un gobierno que ideológicamente sabe que es lo que quiere, pero al que atacan sin asumir previamente sus propias responsabilidades, olvidando que fueron los grandes medios de comunicación que dirigen, los que dinamitaron a los partidos políticos y llevaron a Pedro Castillo al mismísimo  palacio de gobierno.

No es suficiente adueñarse febrilmente de las redes sociales para creer que campañas lideradas por opinólogos que «desde las nubes» resolverán todos los problemas, el daño que infligen a la conciencia social destilando “antis”  aumenta el problema, no ayuda a forjar conciencia y tampoco contribuye a deshacer el proyecto neo-senderista del entorno cercano de Pedro Castillo, defendiendo al mismo tiempo, en cambio, la imagen de una derecha organizada inexistente –siempre bajo el pretexto de la defensa de la democracia- encubriendo el modelo económico del neoliberalismo que defienden con sus rimbombantes juicios de valor mientras de paso, justifican la quincena.

Aquí se notó la ausencia orientadora de los partidos políticos permitiendo que el extremismo gane las elecciones, lo que nos lleva a enfrentar la crisis desde posiciones unitarias y progresistas entre pares, marcando distancia con esa idea abstracta de la democracia a la que aspira la derecha que es únicamente política, pero también, respecto del totalitarismo que muestra un gobierno al que hay que confrontar sin titubeos, bajo análisis rigurosos y posiciones firmes al lado del pueblo y su futuro, ya que, más allá del nombre del presidente o su partido, la historia parece reeditar como una fatal condena, que, tras la lucha entre intolerancia y el golpismo, tal y como ya sucedió, lo que viene es el fascismo, sobre todo, cuando, como en el caso reciente de Martín Vizcarra la medicina resultó peor que la enfermedad.

Reagrupar a la organización popular, reconstituir simultáneamente a los partidos y observar reflexivamente el conflicto social para redefinir las condiciones de la lucha política, permitirá generar mayor nivel de conciencia y posiciones de mayor consistencia para poner en marcha tareas formativas en todos los planos sociales posibles. No solo se trata de gritar, ni de estructurar mensajes que suenen agradables, tampoco de movilizarse sin saber con quién se marcha al lado, sino, de advertir que es lo que viene luego tras nuestro actuar, para que las groseras experiencias de Fujimori y Montesinos, Toledo y Maiman, Ollanta y Nadine, PPK y Vizcarra, así como el propio Castillo y Cerrón, simplemente, no se vuelvan a repetir.

Hay que tener cuidado «con los que opinan y con lo que nos venden» sobre todo cuando no conocen nada porque no orientan, confunden. Hay que alejar a los demagogos, a los aprendices de estrategas, a los que creen que la política es un juego autista de intuiciones, ya que en momentos de dura confrontación como el que vivimos no es difícil encontrarnos con los que creen que anarquizar y exacerbar el conflicto aporta a la consolidación de la democracia, cuando en realidad pone en riesgo los pocos espacios democráticos ganados en el seno de la sociedad  y que, perdiéndolos,  reeditaríamos un error tan grave como el que algunos voceros del gobierno producen al sostener que es mejor destruirlo todo, para empezar de nuevo.  

Hay que mantenerse alertas para que no se ponga en riesgo la supervivencia de las organizaciones y espacios que el pueblo ha ganado, ya que los que agudizan las contradicciones o anarquizan el escenario político lo que buscan es un coto del poder o la posibilidad de negociar a costa de la vida agónica del pueblo, sus propios beneficios. El Perú merece, por fin, tener científicos sociales, analistas con visión de futuro y actores políticos capaces como lo fueron quienes integraron la generación que lideró las luchas de inicio del siglo XX para poder avanzar hacia un futuro distinto y sustancialmente mejor.

RODRIGO FRANCO UNA HERIDA QUE AUN DUELE

Tributo a la entrega valerosa a una causa de justicia

Te recuerdo hermano, en medio de preocupaciones universitarias, inquieto, inteligente y trabajador. Te recuerdo joven, combativo, aprista y compañero.

Te recuerdo firme en tiempos en los que se daba todo y nada se pedía. Te recuerdo en los lazos de nuestros padres y abuelos perseguidos, en los sueños e ideales compartidos, en la fraternidad que nos une siempre y en la alegría de servir al que menos tiene tal como nos enseñó aquel al que llamábamos «gigante», Haya de la Torre, nuestro maestro.

Te recuerdo leal, comprometido y entusiasmado por hacer siempre nuevas  cosas, por rendirle tributo con tu actuar, a quienes cayeron antes, a los tuyos y a los míos, a las familias que lo dejaron todo por seguir la causa del aprismo que construye un país inclusivo, con justicia social, para todos.

Te recuerdo para señalar al cobarde de la mano siniestra que entre las sombras quiso tocarte y no pudo. Porque no pudieron contra ti, ni contra tu aprismo; porque el terror no te venció, ni aniquilaron nuestros ideales, ni nuestros sueños. Tampoco pudieron contra tu partido, ni contra tu país, ni contra esa nación a la que servías con entrega y decencia, esa patria a la que defendiste poniendo tu pecho aprista, ese inmenso bloque de amor que se interpuso entre la bala del terror artero y el futuro promisor por el que te esforzabas.

Te recuerdo inmenso y vencedor, más allá incluso del dolor de tu partida y el tiempo transcurrido… Te recuerdo hermano, como si hoy repitieras que “hay mandatos superiores que cumplir, más allá incluso del temor y la crisis”.

Te recuerdo en tu gigantesca presencia, en tu fe que fue, y es fortaleza, una motivación ante la que me inclino reverente por ser un tributo a la fuerza superior del martirologio del que siempre hablábamos, de ese valor que es ejemplo, pero que también señala la ruta del aprismo sacrosanto por el que transitaste orgulloso y que nos conduciría hacia la sociedad de Pan con Libertad, que es luz y es guía.

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¿QUE BICENTENARIO CELEBRAMOS?

No tengo duda, que las razones para defender las celebraciones promovidas por los 200 años que cumple la república, puedan tener algo de legitimidad, pero al ponderar este período de tiempo en una fecha celebratoria específica, de alguna manera, ponemos en evidencia también, la postergación de los demás hechos que constituyen parte de la gesta independentista que omite el registro de la lucha heroica de los pueblos contra el invasor imperial, la contribución a la gesta liberadora de los indígenas que llevó a la victoria y capitulación de las fuerzas realistas que sin embargo, no desarmó el andamiaje de impunidad y miseria que legó la conquista. Veamos porqué.

Cuando los españoles llegaron al Tahuantinsuyo, impelidos por la voluntad colonizadora de expansión territorial y el deseo irrefrenable de apropiarse de recursos, encontraron a los hijos de Huayna Capac, (Huáscar, quien controlaba a los incas del sur y Atahualpa, que había heredado el reino de Quito), sumidos en una lucha intestina por el control del imperio, pero ¿Cómo venció el reducido número de españoles, a la masa indígena? Fueron circunstancias poco felices en las que fue determinante la subestimación del Inca frente al extraño que al poco tiempo se transformó en asombro y luego temor a lo desconocido cuando explotó el arcabuz y la gigantesca imagen del impresionante hombre blanco montado sobre un animal, se mostraba invencible, cubierto y protegido en su piel de metal (armaduras) que el Inca enfrentó subido en un anda (o trono) cargado por cerca de 80 personas, premunido de lanzas y armas rudimentarias, panorama de desventaja que se agravó  por la concurrencia de distintos conflictos con diversas tribus que, alineadas con  indígenas, no pudo evitar -a pesar del oro y la plata entregada-, la masacre producida al capturar a Atahualpa, ni evitar su posterior asesinato.

Que grupos de indígenas apoyaran también, de distintas formas, la marcha y el ingreso de la expedición conquistadora a la ciudad del Cuzco un año después, el 14 de noviembre de 1533, dice mucho del ejercicio pleno del asentamiento del poder conquistador, con mayor razón, si fueron los españoles quienes nombraron a Manco Inca como el sucesor en el poder, dando paso a un período que marca el fin de la era de los más de 13 Incas -según las crónicas de Garcilaso de la Vega, Pedro Cieza león y Antonio Vásquez-, y los casi cinco siglos que habría durado el período en el que dominaron los Incas según el padre Blas Valera y Luis E. Valcárcel, citados por el periodista José Luis Vargas Sifuentes en un interesante artículo sobre la materia.

Es evidente que fue insuficiente el esfuerzo por consolidar geográficamente el poderío del Tahuantinsuyo, dada la incapacidad de sus líderes para superar sus desencuentros y divisiones (mal perpetuo desde entonces), lo que se tradujo en una resistencia desorganizada y por tanto, ineficaz, que, sumada al factor sorpresa y la desproporcionalidad frente al equipamiento de guerra usado por el invasor, produjo los resultados y consecuencias de sometimiento que se conocen, sin desconocer el valor de la defensa indígena que se mantuvo activa y heroica en algunos lugares hasta que finalmente, durante la gestión del virrey Francisco de Toledo (1569-1581), sucumbió, debido al afianzamiento de los primeros signos de pacificación que algunos consideran un gesto de genuflexión y derrota.

El debate en torno a los siguientes casi 200 años antes de registrarse los primeros aires emancipadores, sigue abierto y tiene  que ver con semiesclavitud y explotación criminal, aun cuando parece mantenerse circunscrito a significar si la conquista propiamente dicha, fue un proceso de transculturización que fusionó culturas o, lo que se vivió durante la tan mentada conquista española fue en realidad, el exterminio de poblaciones enteras en manos de un invasor que cubrió sus sables y la sangre de sus víctimas, bajo el manto sacrílego de una neo evangelización que grafica válidamente el cura Valverde en su diálogo con Atahualpa, pero se afirma con la instalación en 1750, en Lima, del Tribunal de la Santa Inquisición. En todo caso, lo cierto es que el grito de rebeldía con el que se iniciaría el fin de aquella etapa próspera de plata, mercurio y oro para los conquistadores y sus lacayos, pero de oprobio y muerte para los locales indígenas, no es de autoría extraña, se produjo tempranamente, hacia el año 1780, constituyendo la señal de una extraordinaria insurgencia popular negada o soslayada de mil formas por la historia oficial y que deberíamos recordar con mayor entusiasmo.

Aquel año, quedó registrado  el levantamiento indígena y campesino más grande contra el imperio liderado por José Gabriel Condorcanqui, Tupac Amaru II, cuyo derrotero independentista fue sumando adeptos a una causa liberadora de piel cobriza que incluye la ejecutoria de cientos de rebeliones, conspiraciones y la presencia de los montoneros, verdaderos ejércitos civiles de luchadores por la libertad , sembrando conciencias y forjando primero una auténtica causa independentista y luego, más allá del 28 de julio de 1821 y el acta de la independencia, en la batalla de Ayacucho, donde el ejército realista capituló, concediéndole el triunfo a los insurgentes en la Pampa de la Quinua.

Aquel 9 de diciembre de 1824 debió finalizar el virreinato, cuando los españoles “marchan de regreso a casa con lo producido, pero sin legar ninguna obra, ni aporte trascendente”, sin embargo,  aparece con claridad, otro signo inequívoco de lo que sería desde entonces una constante entre las clases dominantes en nuestra vida republicana, la impunidad y el servilismo. Características que se mantendrían durante todo este período de nuestra historia donde se dejó de lado el espíritu nacionalista, postergando hacer justicia -mas allá de confiscar bienes y riquezas materiales manchadas de sangre-, y evitando la reivindicación de una nación cruelmente atacada, que fue testigo desde entonces, de la forma como continuaron usufructuando del poder, las mismas familias que reclamaban “linaje español” para conservar a cualquier costo sus privilegios cargando el estigma infame de la opresión.

De esta forma, el pueblo sometido, explotado y humillado que exhibió con desvergüenza la conquista, mantuvo esa misma condición durante la república, haciendo evidente la existencia de un Perú español y virreinal que se mantuvo vivo -incluso sin los españoles-, frente a otro Perú que se resistía a perecer en medio del oscurantismo y la rebeldía, pero en el ande olvidado y confrontado con su viejo esfuerzo por empoderar un histórico proyecto de nación unitaria. La república, en poder de aristocracias necias y envilecidas, mantuvieron una idea promocional y cada vez más frágil de la nacionalidad, donde marcados señalamientos centralistas reconocía solo a los criollos como propios, sin apartar la mirada y las nostalgias de un ultramar castizo que ninguneaba las dramáticas manifestaciones de atraso y abuso indígena que parecían no tener clemencia, ni fin, tal y como lo denunció Manuel Gonzales Prada.

En conjunto, todo aquello parece explicar el por qué, mientras los demás países invocaban procesos independentistas, como revoluciones que sembraron libertad y progreso en sus tierras, reclamándolas además, como respuestas nacionalistas que ayudaron a cambiar el destino de aquellos pueblos, en el Perú, hubo quienes defendían seguir siendo el centro político y económico de una colonia ya inexistente, punto neurálgico de una torcida identidad imperial  generadora de  impunidad y vasallajes, que hizo perder de vista el gran aporte transversal del protagonismo popular de la autentica revolución independentista.

Aportó a la comprensión cabal de nuestra realidad, la manera como  J.C. Mariátegui reflexionó sobre el Perú y el hecho que, cuando la república aristocrática se alistaba a celebrar -entre pomposas y costosísimas celebraciones- el primer centenario de la independencia, las juventudes y los trabajadores, liderados por la genialidad de Victor Raul Haya de la Torre , insurgieran, planteando redescubrir el registro histórico, reivindicando a los postergados y declarando que no había nada que celebrar, optando en cambio, por manifestaciones progresistas que exigían impostergables cambios que significaron el impulso constructor de una nueva noción de política y nacionalidad, motivada por un auténtico sentimiento nacionalista de enorme trascendencia, traducida en la organización proletaria, las jornadas de lucha por las ocho horas de trabajo, la reforma universitaria, la creación de las Universidades Populares y su visión futurista de la defensa de la naturaleza y el derecho a la libertad de conciencia, esfuerzos todos, que fueron cimiento del naciente y extraordinario  movimiento popular fortalecido en la protesta, que logró, como en la gesta de Tupac Amaru, ser la voz de la desesperanza interpretando el clamor y sentimiento de los oprimidos y las provincias  que permitió crear conciencia de la necesidad de acabar con el centralismo oligárquico y  frenar los efectos del nuevo imperialismo que llegaba a nuestras tierras de la mano del nuevo siglo.

El Perú desde entonces, si bien vivió una tragi-comedia que reedita las mismas corruptelas, controversias, deslealtades y traiciones de siempre durante la república, recreó también, los impulsos promovidos por la generación de jóvenes y trabajadores que denunciaron la ilusoria bonanza económica que cayó del cielo y cubrió de guano y salitre el viejo drama del asalto a las arcas públicas, de oprobio las guerras y traiciones en las que nos involucraron y que fueron solapadas por el silencio miserable de gobernantes que no comprendieron la naturaleza del preludio de un capitalismo que debía consolidar nuevas y dinámicas estructuras, pero que, sin embargo, fue subsumido por las hondas raíces del vasallaje económico-cultural al servicio de un colonialismo que, gracias a sus oligarquías cortesanas, aplaudió la exploitación imperialista (de antes y de ahora), prefiriendo seguir sirviendo intereses extraños, sostenidos por dictaduras y totalitarismos que privilegian el rentismo y la exportación de materias primas, en vez de actuar contra la ignorancia, el abuso y la explotación, elementos que prueban la estafa contínua de una republiqueta en donde la máquina y la producción nunca fueron puestos al servicio del desarrollo, abdicando, como país, del derecho al progreso y el bienestar, mientras una anacrónica estructura semifeudal define la sociedad que preserva y donde se impone, entre otros, el sentido deleznable con el que el poder del dinero mira, interviene y define nuestro destino.

Pero esta historia de incomprensibles ironías, registros incompletos, protagonismos falsos,  heroísmos inventados y sentimientos  patrioteros, aún no termina. Victor Raul Haya de la Torre se encargó de mostrárnos aquella realidad en toda su crudeza, pero también nos planteo una ruta de transformación que reclamaba al país, ser más grande que todos sus problemas, exigiendo al mismo tiempo que las sucesivas crisis, corruptelas y fortunas mal habidas, asi como los ofensivos signos de opulencia, no tocarán las motivaciones historicas que fueron base del gloiroso movimiento popular que construye, justamente a través  del progresismo de este gran líder, una idea de país que  hizo voltear las miradas sobre la pobreza endémica con la que hay que acabar,  aunque la misma élite que le robó a los pobres su derecho a participar en la construcción de un destino distinto, este más preocupado en las pompas y los fuegos arificales de una fiesta en la que nadie responde la pregunta ¿Que celebramos realmente?.

La rebeldía transformadora, traducidas por décadas en causas revolucionarias, recoge la herencia gloriosa de las luchas producidas por las masas, nos recuerda la heroicidad que un pueblo que es el gran protagonista de una historia mucho más larga y sacrificada que la que se nos cuenta y que se la debemos al pueblo, más que cualquier caudillo. Por eso, aprestémonos a recordar el año 2024 la gloria de la Batalla de Ayacucho, la Independencia patria y el primer centenario de la fundación del aprismo, el marco ideal para una nación que no perdió nunca la dignidad y supo librar batallas para expulsar a las fuerzas del imperialismo invasor (ayer y ahora).

¡Viva el Perú!

 

A MÍ, POR EL PENSAMIENTO CRÍTICO

Abrumado por la imposibilidad de atender y contestar la sorprendente cantidad de llamadas y saludos que por todos los medios han tenido la gentileza de hacerme llegar, con motivo de cumplir un año más éste último día 22 –con terremoto incluido-, quiero en estas líneas, que surgen de lo más íntimo de mi ser, agradecer de manera especial y muy fraterna, a quienes se tomaron el trabajo de enviarme una nota, hacer una llamada o simplemente, recordar la ocasión.

No siempre es de comprensión general, como la vida es, en sí misma, un privilegio, y cómo vivimos rodeados de un conjunto de valoraciones y sentimientos –a veces equivocados- que nos hacen perder el tiempo y oportunidades dejando de lado lo realmente trascedente, permitiendo que guie nuestro destino, lo negativo, lo que nos distancia y diferencia, en medio de esa rara forma de convivencia en la que pasan nuestros días, signados por la guerra, la violencia, la maledicencia y el daño que nos hacemos sin que los humanos podamos probar, plenamente, que somos esa expresión “superior” que con vanidad reclamamos ser, por encima de los animales.

Aprendí desde muy niño – hace muchísimos años- que la vida debe tener por finalidad, buscar o construir la felicidad individual y grupal. Por eso agradezco que mi existencia haya estado tocada por privilegios derivados de la incólume vocación democrática y progresista expresada en la ideología de mis padres, pero además, por lealtades que han añadido a mi extraordinaria e insustituible familia de sangre, otra, no menos importante, pero en donde la solidaridad, la fraternidad y la libertad constituyen herramientas de convicción y vida que  son  el santo grial  que reúne presencias en la fraternidad aprista,  la comunidad logial, entre mis colegas abogados y el periodismo, con quienes he transitado por varias décadas, aprendiendo a observar, informar y opinar críticamente, pero siempre con apego a la verdad.

Finalmente, una ocasión como esta, es sólo un excelente pretexto para rendirle tributo a la vida y la posibilidad de poder seguir haciendo cosas, también, para evocar a los que partieron antes, a los que viven horas de profundo dolor y, a los que habiendo llegado después a este mundo -entre ellos mis entrañables hijos-, deben merecer nuestra atención y esfuerzo para que puedan vivir en un lugar mejor al que nos tocó, rodeados de fraternidad, amor y felicidad.

Mi abrazo fraterno a José Barba Caballero, Mauricio Mulder, Ricardo Ramos Tremolada y Cesar Campos por el afecto y las oportunidades otorgadas en todos estos largos años; pero al mismo tiempo, recuerdo emocionado a mi padre, Victor Luna Masias, a Victor Raúl Haya de la Torre mí maestro, Ramiro Priale, Carlos Manuel Cox, Fernando León de Vivero y Alan García; a Victor Manuel Avendaño, Gustavo Valcárcel, Magda Portal, Victor Humareda, Laureano Carnero Checa, Absalón Otero Luna, David Odría Lacotera, Hector Delgado Parker, Alfonso La Torre, Augusto Ferrando y con ellos, a todos los que contribuyeron en mí ya largo proceso de aprendizaje y  formación, dejando una huella indeleble en el ejercicio de una vida dedicada fundamentalmente al pensamiento crítico.

A todos, en la meseta de una existencia en la que buscar y encontrar amigos de verdad no me ha sido difícil, mi agradecimiento infinito.

Lima, 22 de junio de 2021.

 

ELECCIONES Y FIESTA SANGRIENTA EN EL VRAEM

En plena campaña electoral 2021, el crimen  mostró como el terrorismo y el narcotráfico -alas de la misma violencia-, sigue golpeando, pretendiendo que sin inmutarnos, comencemos a convivir como en el pasado, de manera tóxica e irónica con la muerte, mientras, sin mediar explicación alguna , esto que constituye un drama nacional, fue ninguneado por la gran prensa.

Los crímenes cometidos en la región del Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM) y, específicamente, en dos bares del centro poblado San Miguel, en el distrito de Vizcatán del Ene, provincia de Satipo, en la región Junín, aunque no son los únicos actos de violencia que se han producido en la zona, llamaron particularmente la atención por el asesinato de hombres, mujeres y niños, asi como el hallazgo de volantes en los que el pretendido Comité Central del Partido Comunista del Perú (MM) se adjudicaba la autoría, mostrándonos el mismo rostro sangriento y cruel del viejo terrorismo que ahora, nos envía nuevas y peligrosas señales que evocan el enorme costo pagado en la vida de peruanos y los miles de millones de dólares perdidos por los afanes destructivos de los seguidores del llamado  “Pensamiento Gonzalo”.

Lo cierto es que desde hace más de cuarenta años, la violencia está presente en diversas formas y juega un rol conspirador en su intento de poner en jaque al Estado peruano, confrontando desde el terrorismo subversivo o el narcotráfico la incapacidad manifiesta de funcionarios que en los años ochenta los confundió con abigeos, casi con la misma torpeza e irresponsabilidad con la que ahora se refieren como un fenómeno distante, al referirse a los rezagos de la subversión que antes y ahora, se aprovechan del impacto en las poblaciones de la ausencia del Estado en materia de educación y salud, de la pobreza material y en general, de la falta de oportunidades, acaso una constante en nuestra historia, lamentablemente.

El asesinato del conjunto de pobladores referidos, si bien parece responder a una modalidad que pretende el inmovilismo social y la adhesión por el terror, lo que pone en evidencia es el uso de una estrategia publicitaria para el reinicio de la lucha armada que, inaugurada en 1980 por Sendero Luminoso, vuelve a sumar, como entonces, arengas política  insertas de una ética básica contra las elecciones y la democracia, accionar clásico del movimiento fundamentalista en donde calzan perfectamente las expresiones “…limpiar el Vraem y el Perú de cuchipampas o prostíbulos, de orates, de degenerados homosexuales, de degeneradas lesbianas, de drogadictos, de individuos indisciplinados que no respetan a nadie, de rateros, de secuestradores, de corruptos, de soplones, de espías, de infiltrados, de traidores excrementos de perro, tipos como el ‘Gordo John’ de Pichari», proclama cargada de un moralismo insulso y fatuo que, por lo demás, en su última frase, parece reducirse todo el asunto a un ajuste de cuentas respecto de John Mancilla, “un senderista arrepentido” a quien acribillaron desde una moto en la puerta de su casa, junto a su esposa y sus pequeños hijos de 3 y 5 años, el 25 de abril pasado, en el distrito de Pichari.

Lo curioso en el drama comentado, parece ser la modalidad de crimen, de típica inspiración narco, que podría confirmar la veracidad de la tesis por la cual, el comando operativo de los subversivos es el mismo que protege las operaciones del narcotráfico local, bajo el mando y cobro de cupos de los hermanos Quispe Palomino que han tratado de mantener las acciones armadas, en la línea  de deslinde, ataque y condena a “la capitulación de Guzmán y la traición de los ex integrantes del Comité Central del Partido”, lo que explica el por qué en el Vraem, el llamado camarada “José”, mando militar de sendero luminoso desde 1984, ha desarrollado una línea independiente del partido y la lucha armada, actuando impunemente al replicar las estrategias de la Guerra Popular que sus reducidas columnas tratan de mantener sin contacto con la estructura del PCP, Sendero Luminoso o algunas de sus organizaciones de fachada, incluyendo MOVADEF, logrando estructurar un escenario de subsistencia y de control local, siempre en el marco de acciones conjuntas con el narcotráfico, al que, brindando protección a cambio de recursos económico y armamento, se aprovechan mutuamente laborando en una zona virtualmente liberada donde se paga peaje por kilo de droga  y cuya autodefensa la regentan y lideran el senderismo de los hermanos Quispe Palomino.

¿Por qué no se ejecutan acciones combinadas poniendo en práctica el profesionalismo de las fuerzas armadas y policiales, su extraordinaria y reconocida experiencia, su potencial militar-estratégico y la valoración de los derechos humanos para destejer el complejo nudo de la droga y el terrorismo en la zona del VRAE? Faltan sin duda, explicaciones puntuales que convenzan. Pero, por lo dicho, todo parece indicar que el impacto de esta noticia reactivará procedimientos y líneas de acción que ojalá use el enfoque global , dejadas de lado desde hace algún tiempo en la zona.

Si estos crímenes y el desarrollo que ha tenido la noticia impactarán de alguna manera al candidato Pedro Castillo, eso una incógnita que se resolverá en día de las elecciones, aun cuando es altamente probable que el sub-consiente colectivo de la población asocie al Sutep-Conare y al mismo Castillo con la violencia terrorista del pasado y a Sendero Luminoso específicamente, mientras Vladimir Cerrón, dueño del partido Patria Libre y líder de dicha organización sectaria y chavista, por recomendación de los estrategia de campaña de Castillo, se oculta para no seguir “llevando a la baja” a la candidatura hechiza de su partido que surgió cuando la inscripción de Cerrón no pasó.

Es bueno no perder de vista que, si bien la aparente reducida dimensión de la organización terrorista de los Quispe Palomino -más allá incluso de la compleja realidad geográfica del VRAEM-, no representa aun un peligro para el sistema, potenciada con el respaldo de los carteles de la droga, podría, eventualmente, mirar la ciudad como un objetivo de gran impacto y esa sería otra historia. Desde el Estado se deberían encender las alarmas, reactivarse los protocolos antiterroristas y actuar con inteligencia, en vez que quienes nos gobiernan, sigan jugando torpemente a analistas, buscando encontrar las causas de una violencia que tienen, literalmente, sobre sus cabezas o en la misma puerta de Palacio de Gobierno.

EL VOTO DEL APRISMO

Con una lógica maniquea, diversos personajes insisten para que el aprismo «defina públicamente» por quien votará en la segunda vuelta eleccionaria 2021. Pero, resulta que, a punto de cumplir la centuria, esa exigencia no sólo resulta una impertinente intromisión, sino, una falta el respeto a la conciencia de la militancia aprista que ha sido formaba en sólidos valores para la defensa de las libertades y la conquista de la justicia social.

Recordemos que ha sido el APRA la organización que denunció  la voluntad de fraude puesta en marcha por el JNE que, en cuestionable actuar,  no sólo impidió la postulación de las candidaturas apristas, sino que alentó un conjunto de medidas que han enrarizado el panorama electoral en beneficio de quienes desde hace más de dos décadas hacen política, pero acusando a los «partidos tradicionales» -lugar que desde hace tiempo ocupan ellos- de los vicios y errores que ellos mismos cometen.

En medio de la segunda vuelta electoral algunos despistados nos exigen definamos una posición ante las dos candidaturas que se disputan la presidencia de la república, encubriendo en realidad intereses que defienden en un sentido y otro. Pero más allá de los comunicados partidarios que han marcado la sólida posición partidaria diremos una vez mas que fijar una posición institucional pasa, primero,  por el claro deslinde democrático con los postulantes en contienda y tras esa evaluación -que es nuestra posición histórica y reconocida- no nos acerca a ninguno de los candidatos. Respecto de Castillo porque su proclama comunista es des inteligente y promueve en una lógica simplista la preeminencia de los «antis», esa extraña manera de actuar políticamente que nos condeno al ostracismo, la clandestinidad y el recorte de nuestros derechos por largas décadas.

para acometer los graves problemas del país al que se suma los extraordinarios vínculos con quienes purgaron condena por aquel terrorismo que asesinó a miles de campismos pobres y mas de 1500 compañeros que los enfrentaron política ideológica, social y militarmente ; frente a Fujimori que representa la larga década del fujimontesinismo, los millones de trabajadores despedidos, la persecuón a dirigentes políticos y sindicales, asi como los crímenes de lesa humanidad  que nos es difícil  que podremos olvidar, in perdonar.

Los líderes de ambas corrientes están en prisión y ninguno ha mostrado signos de arrepentimiento, ni han pedido perdón, por tanto, eso nos  aleja, sin dudas, de las dos posiciones en competencia. El APRA debe mantener su sólida posición principista de defensa de las libertades y los derechos ciudadanos que, además de las civiles y constitucionales, son fundamentalmente laborales, exigiendo además firmemente, políticas nacionales de salud que desarrolle el tema de la vacuna y la asistencia oportuna de los ciudadanos en materia de salud, pero también, de una gradual y efectiva reactivación de la economía.

Quienes piden una posición institucional les sugiero revisen la historia del aprismo en la que sin trasgredir los derechos de los militantes invocó siempre un voto pensando en el país, exigiendo dejar de seguir  victimizando a los candidatos porque sus biografías y discursos los envuelve y descalifica. No se producirá ningún acuerdo político  porque el nuestro es un objetivo claro, en tanto nuestra visión del país sigue siendo la misma: luchar por la justicia social y lograr el bien común.

EL DILUVIO QUE SE LLEVÓ A CLARA ELVIRA OSPINA

América Televisión y Canal N, separó violentamente de su cargo, en medio de la segunda vuelta electoral, a la directora general de información en un claro intento de reencontrarse con la libertad de prensa o, simplemente, irse acomodándose con el próximo gobierno.  Lo cierto es que la aludida funcionaria , cerraba su micro programa donde comentaba libros, con una frase apocalíptica -un tanto visionaria- en la que sugería que mantengamos siempre la costumbre de leer. 

Ahora, el diluvio se llevó a la colombiana Clara Elvira Ospina sin un libro bajo el brazo y, de hecho, tendrá mucho tiempo para leer. Con ella dirigiendo la línea informativa de América tv y Canal N, se sintió la ausencia de pluralidad y los vetos que desnaturalizaron la libertad de prensa, todo, por ese afán grosero de servir al poder de turno y cubrir el sicariato informativo que promovió en favor del corrupto y mediocre vizcarrismo roji-morado (período de gobierno que lideró Martin Vizcarra, acompañaron ex comunistas  y los siempre intrépidos miembros del partido Morado) a los que sirvió lealmente.

El periodismo libre peruano le dice: alas, buen viento (para que la aleje suficientemente lejos de nuestras fronteras) y que no vuelva más.

 

POLÍTICA, «ANTIS» Y MANDATO SUPERIOR… LA SEGUNDA VUELTA ELECTORAL 2021

Nos quejamos del bajo nivel de nuestros candidatos y de los políticos en general, pero permitimos en ambos lados del complejo escenario electoral, el uso de un razonamiento simplista y por momentos, perverso.
Aun cuando las circunstancias y candidatos no parecen ser los ideales, cualquiera sea nuestra decisión, deberíamos concentrarnos en exigir el uso de argumentos en el llamado debate político para evitar que se siga tratando de manipular al electorado con «antis» y aquella tesis oportunista del llamado «voto menos malo». Los apristas sabemos lo que significa todo eso, no podemos olvidamos que el antiaprismo llevó al país por varias décadas a una prolongada, innecesaria y criminal división entre peruanos, asi como, a mantener el atraso producto de la desvergüenza y el mal uso de los recursos públicos, permitiendo, además, el imperio de la impunidad, esa que en tiempos más recientes, mantiene la política llena de mercaderes encubiertos que llenan Palacio de Gobierno de incapacidad, autoritarismo, corrupción y planes genocidas sobre los que todavía no se rinde cuenta.
El gran debate de esta hora debería girar en torno a la necesidad de cambiar el curso de esta especie de fatalidad, exigiendo propuestas y planes que garanticen viabilidad y continuidad de los ofrecimientos, porque, entiéndanlo, no es posible que se siga resumiendo todo el destino del país en una monserga que se limite al maniqueísmo de creer que votar por keiko Fujimori convierte a quien ejerció su derecho, en un vulgar fujimorista corrupto; ni los que opten por Pedro Castillo, sean todos unos criminales terroristas.
Hagamos el esfuerzo de crecer y avanzar, educando. Por los que menos tienen, por las familias de todos los que partieron dolorosamente en medio de esta pandemia en la que estamos en absoluto estado de indefensión y pensando en el destino superior del Perú, tal y como lo quiere el peruano de a pie que sólo aspira a trabajar dignamente y lograr el bienestar de los suyos.

ELECCIONES 2021: UNA APUESTA RIESGOSA

La falta de consensos para el desarrollo se ha convertido en una real crisis global y, aunque en el Perú tampoco se logran acuerdos en esa línea, la ausencia de partidos políticos populares y con ideología suma un problema adicional, la mercantilización de la política con todos los riesgos que ello acarrea, incluyendo, el despropósito de quienes promueven la polarización política, justo en medio de un complicado  escenario en el que las encuestadoras, hacen lo suyo.

Si bien la mayoría de peruanos declaran no creer en las encuestas, es difícil sustraerse de su impacto y lo que significa en términos de polarización, debido, sobre todo, a la fuerza de los medios de comunicación que las difunden. Por eso, resulta peligroso que los debates y la opinión pública vayan en la dirección de los temores que nos trasladan las encuestadoras tratando de  convertirnos en cajas de resonancia de sus objetivos e intereses, dividiéndonos tras la desesperanza y esos cuadros apocalípticos que en estos tiempos parecen llevarnos a elegir entre candidatos cuyo perfil parece poco menos que salidos de un cártel criminal.

No es casual el interés de la oligarquía propietaria de los medios que animan y financian estas encuestas. Juegan de manera delirante a reducir o aumentar las distancias entre los candidatos para animar la contienda y, aunque en realidad no nos digan nada nuevo, tratan de “reafirmar” un cómodo escenario político en el que, con el APRA excluido, puedan  reducir a Keiko Fujimori en los segmentos A-B, mientras que a Pedro Castillo confinarlo en D-E; es decir,  ubicando dichas candidaturas en la “derecha” y en la “izquierda” del espectro electoral al que ahora sumarán, de seguro, sensibles campañas montadas en los dramáticos efectos de la pandemia –corruptelas e incapacidad de Vizcarra y Sagasti omitidas-, en la que usarán groseros recordatorios de muerte  y el estado de indefensión de la gente, para apuntar directamente hacia el corazón de las clases medias cuyos votos pretenden manipular en esta segunda vuelta electoral, vendiendo la “seguridad de lo conocido” que expresa Keiko Fujimori -a pesar de los antecedentes criminales de su padre, su propia carcelería y los juicios pendientes-, frente al terror que representaría Pedro Castillo quien se victimiza llorando con facilidad artística, mientras de paso es “captado” por las cámaras de tv, en medio de labores de siembra y atención de sus animales en la chacra que sirve de locación, aunque vestido de manera reluciente con el claro objetivo de “blanquear” esa misma imagen que el inefable Vladimir Cerrón se encarga de manchar de sangre todos los días.

 

 

Gráfico:Questiondigital.Uru